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Recordando antiguos remedios de boticarios españoles

19 octubre, 2011
El ungüento CAÑIZARES. Por María Ángeles Arazo. lasprovincias.es. 19/10/11.Hace unos días, al citar emblemas que anunciaban casas de textiles, platerías y ‘ultramarinos finos de Ultramar’, olividé el farol de forja de hierro que pregonaba la farmacia Cañizares, en una esquina de la plaza del Mercado que, aún sin comprar pastillas Juanola, merecía una visita al local, por el mobiliario, el artesonado y la decoración general. La farmacia cobró fama porque elaboró un ungüento capaz de facilitar la evacuación de todos los forúnculos, largo trabajo en aquel tiempo donde los farmacéuticos también conseguían elixires para la curación de la tisis pulmonar y tónicos capilares en los laboratorios de la trastienda, donde no faltaban los matraces, morteros y alambiques.
Recordando antiguos remedios de boticarios españoles
Vitrinas de una botica
(Sertox)
En Valencia siempre tuvieron gran predicamento los Boticarios, cuyo Colegio se fundó en 1441. Y los aspirantes a ‘specieros’, ‘aromataris’ y ‘apothecaris’ eran examinados por médicos y por los ‘mayorales del Colegio’. Exigencia en todo. Cuando instalaban la botica, el Colegio les expedía la Lletra Testimonial (acta del examen) y el Justicia, la licencia necesaria para trabajar.
No obstante, los ‘apothecaris’ iban ascendiendo por su profesionalidad, que era ratificada por los colegiados. Los aspirantes tenían que haber estado trabajando seis años con un boticario para poder obtener el certificado de ser un ‘jome de seny e no viciós’. Paradógicamente, como toda corporación gremial, deseó tener un patrón o una patrona, y eligieron a Santa Magdalena, por aquel tarro de esencias que derramó en los pies de Cristo, olvidando su anterior existencia dada al vicio.
Páginas de un pasado remoto, como aquellas composiciones que se efectuaban después de consultar las obras de Teofrasto, Plinio, Dioscórides y, sobre todo, el Macer, donde se describen todas las propiedades de las plantas más en uso en el Medievo. También se empleaban elementos ajenos, como el agua de lluvia, la cera virgen, la clara de huevo y la leche de cabra. No habían llegado, como hoy, a la baba de caracol y el veneno de víbora