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Preguntas y respuestas sobre el principio precautorio

13 agosto, 2013
Prevenir es mejor que remediar. Por Silvia Oliviero. Licenciada en QuímicaImaginemos lo distinto que sería nuestro planeta si antes de liberar contaminantes tóxicos al ambiente nos preguntáramos ¿cuáles serán sus efectos y consecuencias?. Imaginemos que limpias estarían nuestras ciudades si en el momento de elegir los productos y materiales de uso cotidiano nos preguntáramos ¿qué pasará con ellos cuando termine su vida útil?. Imaginemos ¿cuantas enfermedades podríamos evitarnos si pudiéramos consumir productos libres de sustancias tóxicas y peligrosas? Imaginemos ¿cuánto dinero se ahorrarían nuestros gobiernos en remediación de daños si se incentivara la aplicación de tecnologías menos contaminantes y la comercialización de productos amigables con el medio ambiente?
Preguntas y respuestas sobre el principio precautorio
Silvia Olivero
(AD)
Por suerte estamos iniciando ese camino pero aún es necesario profundizar nuestro conocimiento y discutir los mecanismos para ponerlo en práctica. En línea con lo manifestado anteriormente el “Enfoque Precautorio” es una herramienta esencial para poder “anticiparnos” a los impactos negativos sobre la salud humana y el medio ambiente, derivados de actividades antropogénicas, y, además, nos plantea un nuevo paradigma para el abordaje de la problemática ambiental, especialmente en aquellas vinculadas a la liberación de contaminantes tóxicos. 
El sentido de éste Enfoque es principalmente manejar la incertidumbre propia de las causales y relaciones que pueden estar fuera del control humano y que son básicamente las vinculadas a las ciencias naturales, incluyendo dentro de ellas, las que se refieren a la protección del bien superior de la vida y la salud humana. Su origen se remonta a la tradición sociopolítica germana surgida en el apogeo del socialismo democrático en 1930, basado en el principio del “buen manejo doméstico”. Se consideró una asociación constructiva entre el individuo, la economía y el Estado para afrontar los cambios a fin de mejorar la relación entre la sociedad y la naturaleza de la que se dependía para sobrevivir. Esta condición dotaba al principio precautorio de una aptitud de administración o programación o planificación preventiva (“Vorzonrgeprinzip”), lo que representaba un rol orientador para la futura acción política y regulatoria. 
El principio precautorio fue consagrado en la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Río de Janeiro, Brasil, 3–14 de junio de 1992): “Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente”. Posteriormente en 1998, en la Conferencia de Wingspread (Estados Unidos), la Red de Ciencia y Salud Ambiental (SEHN) convocó a activistas, académicos, científicos y abogados para analizar los métodos de implementación del principio precautorio y observar las barreras que dificultaban su efectiva aplicación. La definición del concepto de precaución que se formuló en Wingspread y que se menciona más arriba, tiene tres elementos principales: 
Amenaza de daño, Incertidumbre científica y Acción precautoria preventiva. 
Para algunos la amenaza debe referirse a un daño grave o irreversible, pero otros indican que de ser así, no se tomaría en cuenta el efecto acumulativo de daños menores. Si existe certidumbre sobre la relación causa y efecto, como en el caso del plomo y la salud infantil, las acciones ya no son precautorias, aunque sí pueden ser preventivas. Básicamente, el principio precautorio permite adoptar medidas frente a la sospecha de daño ambiental y/o salud humana respecto a una actividad productiva o la síntesis de una sustancia o producto químico, en ausencia de certidumbre científica, en vez de continuar con la práctica cuestionada mientras se la estudia. En vez de preguntar qué nivel de daño es aceptable, un enfoque precautorio pregunta: ¿Cuánta contaminación puede evitarse?, ¿cuáles son las alternativas para este producto o actividad?, o incluso ¿es realmente necesaria esta actividad?. El principio precautorio se centra más en las opciones y las soluciones que en el riesgo. Obliga a quien inicia una actividad a plantearse cuestiones fundamentales respecto a cómo actuar con mayor sensibilidad  medioambiental. El principio precautorio también sirve como un amortiguador de velocidad para las nuevas tecnologías, garantizando que las decisiones sobre nuevas actividades se adopten de forma meditada y a la luz de sus consecuencias potenciales. 
El enfoque precautorio frente a las decisiones en materia de ambiental y de salud pública incluye como componentes específicos los siguientes: 
  1. Adopción de decisiones precautorias antes de contar con la certeza científica de la relación causa-efecto. En muchos casos la adopción del Principio Precautorio está establecida en Convenios Internacionales y Legislaciones Nacionales. Como es el caso del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes y la Ley General del Ambiente No. 25675.
  2. Fijación de metas. Se estimula la planificación basada en metas concretas y no en estimaciones de riesgos. Se puede citar como ejemplo los plazos establecidos para la eliminación de ciertas sustancias  tóxicas, como los PCBs, Ftalatos, Plomo, Mercurio, etc.
  3. Traspaso del peso de la evidencia. Quienes proponen, desarrollan o implementan una determinada actividad productiva o producto deben demostrar que no causará un daño irreversible a la salud humana o a los ecosistemas. Por ejemplo el REACH, que es el Sistema de Evaluación y Registro de Productos Químicos (Industriales, Farmacéuticos, Plaguicidas y Cosméticos) de la UE. 
  4. El desarrollo de criterios y métodos más democráticos y exhaustivos para la toma de decisiones. El principio precautorio requiere de una nueva forma de pensar acerca de las decisiones y del peso de las evidencias científicas. 

La adopción de este Principio plantea un nuevo desafío, ya que requiere modificar la visión tradicional a la hora de encontrar las soluciones a los conflictos ambientales, que hoy se manifiestan en la sociedad: Minería a cielo abierto, Fumigaciones aéreas con plaguicidas, Contaminación de Cuencas Hídricas, Celulosa y Papel, Productos y Materiales de consumo masivo, etc. También permite intervenir de una manera novedosa y creativa en la fase previa a la producción de un determinado producto o material, de manera de minimizar los impactos ambientales que generará su futuro uso y disposición final cuando culmine su vida útil. En este caso deberíamos prever el diseño de insumos que permitan y/o faciliten el reciclado.
La pregunta que deberíamos hacernos es si debemos esperar que la salud de las personas se vea afectada para tener la “certeza científica” de que esa sustancia o actividad representan un problema serio, pensando que quizás a esa altura una vida ya se ha perdido o alterado de manera irreversible.
Fuentes:
  • Principio Precautorio en Acción (Red de Ciencia y Salud Ambiental, SEHN), Junio 1999. 
  • El Principio Precautorio en el Derecho  y la Política Internacional, Carmen Artigas, CEPAL, Mayo 2001.