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Parece que no fué el plancton tóxico lo que mató a los nueve ictiosauros de Nevada en el triásico

21 octubre, 2011
Indicios de la existencia de un cefalópodo gigante y de inteligencia extraordinaria durante el Triásico. noticiasdelaciencia.com. 20/10/11. Una nueva investigación sobre el modo cuidadosamente ordenado en que fueron hallados en su día los restos de nueve ictiosauros de 14 metros, de la especie Shonisaurus popularis, sugiere ahora que no es casual.Las bestias no habrían muerto por haber quedado varadas en aguas poco profundas, sino por el ataque de una bestia aún más grande que ellas, y el sitio donde los restos fueron hallados habría sido la guarida profunda a donde este superdepredador, un cefalópodo digno de ser llamado kraken como el pulpo gigante mitológico, se habría llevado a los ictiosauros conforme los fue cazando, posicionando después de un modo muy específico sus restos no comestibles en ese espacio.

Parece que no fué el plancton tóxico lo que mató a los nueve ictiosauros de Nevada en el triásico
Un plesiosauro, contemporaneo de los ictiosauros
(Sertox)
La aparente guarida del cefalópodo pertenece al yacimiento de fósiles ubicado en el Parque Estatal de Ictiosauros de Nevada, Estados Unidos, junto a un pueblo abandonado llamado Berlín. En el Triásico, la región era el lecho de un mar.

Conviene tener en cuenta que los ictiosauros de la clase encontrada en ese yacimiento eran el equivalente triásico a los feroces cachalotes de hoy. Esto da una idea clara de la magnitud del cefalópodo que al parecer los cazó.

Muchos de los fósiles del yacimiento fueron descubiertos en la primera mitad del siglo XX. La explicación más aceptada para la muerte de los nueve ictiosauros concentrados en la extraña parcela ha sido la presentada en su día por Charles Lewis Camp de la Universidad de California en Berkeley, quien los estudió en la década de 1950.

La interpretación de Camp fue que los fósiles probablemente correspondían a ictiosauros que quedaron varados o que resultaron envenenados por una proliferación masiva de plancton tóxico. Pero nadie ha logrado demostrar que las bestias murieron en aguas poco profundas. De hecho, análisis recientes de las rocas presentes en el yacimiento sugieren que el sitio estaba a una notable profundidad bajo el agua, lo cual hace aún más misterioso el modo en que están colocados los restos de los cadáveres.

Esta cuestión, la de si los ictiosauros murieron a poca o a mucha profundidad, es lo que atrajo al lugar al paleontólogo Mark McMenamin del Mount Holyoke College.

Conforme McMenamin y su hija Diana profundizaban en sus observaciones de los fósiles en el yacimiento, crecía su asombro ante la manera tan extrañamente específica en que estaban posicionados los huesos.

No sólo se trata de que hay rasgos en los huesos que indican que los animales no resultaron muertos y sepultados al mismo tiempo. Es además el modo, se diría que intencionado, en que los huesos quedaron posicionados. Asumiendo que las muertes fueron obra de un depredador, y razonando sobre qué depredador colocaría los huesos de un modo específico en su guarida en vez de simplemente dejarlos tirados, un pulpo o cefalópodo inteligente similar parece la única posibilidad, a juicio de los autores del estudio.
En el yacimiento de fósiles, algunos de los discos intervertebrales de los ictiosauros están dispuestos siguiendo curiosos patrones lineales, con una regularidad casi geométrica. Esto indicaría que el supuesto cefalópodo triásico, que pudo ser uno de los invertebrados más inteligentes conocidos, colocó los discos intervertebrales siguiendo un patrón de líneas dobles.

Hay un detalle incluso más asombroso: El modo en que están colocadas las piezas recuerda al patrón de disposición de las ventosas en los tentáculos de los cefalópodos. En otras palabras, la superficie "pavimentada" con discos intervertebrales podría representar el autorretrato más antiguo conocido. De ser esto cierto, a la ya impresionante condición de bestia gigante de este pulpo, habría que añadirle una cualidad no menos impresionante: la notable inteligencia que corresponde a una criatura capaz de sentir el impulso de intentar dibujarse a sí misma o a otro congénere. En ese aspecto, el "pavimento" de discos intervertebrales podría ser comparable en algunos aspectos a las primeras pinturas rupestres del Ser Humano.