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Gracias a confundir ‘test it’ con ‘taste it’ se descubrió la sucralosa

29 diciembre, 2010
Un error muy dulce. Un estudiante entendió mal a su profesor y el resultado fue un nuevo edulcorante. diariovasco.com. 29/12/10. Estos días de celebraciones, más o menos todos comemos un poco de más, aunque algunos no dejamos de sustituir el azúcar que es altamente energética por otros edulcorantes que dan un sabor parecido pero que no tienen calorías. Uno de los más usados es la sucralosa que es seiscientas veces más dulce que el azúcar y el doble que el edulcorante más conocido: la sacarina. La historia de la sucralosa tiene su origen en 1975 en el laboratorio dirigido por Leslie Hough en el Queen Elizabeth College. Uno de sus estudiantes, Shashikant Phadnis, era indio y ya sabemos que la pronunciación inglesa de ese país no es igual a la de Londres. En el laboratorio estaban trabajando en productos derivados del azúcar de mesa. Sigue…
Gracias a confundir 'test it' con 'taste it' se descubrió la sucralosa
Monito con la oreja tapada
(Sertox)
Una de las cosas que estaban haciendo era añadir un ácido muy corrosivo y venenoso. Como resultado obtuvieron un polvo muy fino, y entonces ocurrió el error. El profesor pidió al estudiante indio que hiciera pruebas con el compuesto. En inglés, ‘test it’. Pero el estudiante entendió ‘taste it’, que significa probarlo, en el sentido de chupar y saborearlo. Pronunciándolo muy deprisa, se puede confundir ‘test it’ con ‘taste it’.
Todos los estudiantes de química saben que lo último que hay que hacer es llevarse a la boca un compuesto desconocido; pero Shashikant no quería llevar la contraria a su profesor así que cumplió con lo que él había entendido; es decir, se llevó el polvo a la boca, lo probó y se llevó la sorpresa de que era muy dulce. Phadnis quedó muy impresionado por el dulzor y se lo dijo al profesor, que se quedó un poco anonadado. En palabras del propio Phadnis el profesor le preguntó que si estaba loco y que cómo se le ocurría probar algo de lo que no se sabía su toxicidad.
El error era más grave de lo que parece pues lo que estaban intentando obtener eran insecticidas. Meterse en la boca un polvo blanco que se esperaba que fuera un insecticida y, por lo tanto, con altas probabilidades de ser tóxico, es una de las peores ideas que se le pueden ocurrir a nadie. Y es mucho más grave en un químico.
El alumno se explicó, el profesor entendió la confusión y pensó que el que fuera dulce era un buen principio. Continuaron un montón de pruebas -‘test’- químicas para saber si era tóxico o no. Cuando quedó claro que no lo era, lo probaron -‘taste’- e hicieron las mediciones clásicas de dulzor llegando a la conclusión de que era seiscientas veces más dulce que el azúcar (sacarosa) y el doble que el edulcorante más usado en la época: la sacarina.