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Fernanda Giannasi explica por qué el amianto todavía es producido y comercializado en Brasil

18 enero, 2019
La fibra del diablo. Por Rodrigo Farhat*.diplomatique.org.br. 16/01/19. Ingeniera civil y de seguridad en el trabajo Fernanda Giannasi explica en entrevista por qué el amianto todavía es producido y comercializado en Brasil.Leer también: Premian en Brasil a Fernanda Giannasi por la prohibición del amianto
Fernanda Giannasi explica por qué el amianto todavía es producido y comercializado en Brasil
Fernanda Giannasi

El amianto ya ha sido prohibido en más de 65 países industrializados, en todos los continentes, en todas sus formas. En Brasil, sin embargo, el mineral sigue siendo explorado en Goiás y exportado. El país es el tercer productor mundial de la fibra cancerígena.
En la antigüedad, el hombre mezclaba el amianto al barro para hacer utensilios domésticos refractarios. Hoy, la fibra de origen mineral, también conocida como asbesto, todavía se utiliza como materia prima en países de economía periférica, principalmente en el sector de la construcción civil y la industria del cloro-soda para la producción del plástico PVC.
El amianto es una sustancia de probado potencial cancerígeno en cualquiera de sus formas o en cualquier etapa de producción, transformación y uso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que no existe ningún límite seguro de exposición al riesgo de cáncer y lo relaciona con diversas enfermedades malignas y no malignas. El Criterio 203 de la OMS recomienda, además, que su uso sea reemplazado, siempre que sea posible. El Convenio 162 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) va en la misma dirección.
En Brasil, el mineral, aunque fue prohibido el 29 de noviembre de 2017 por el Supremo Tribunal Federal (STF), sigue siendo explotado y exportado, en virtud de una limitación concedida monocráticamente, en ese mismo año, para proteger temporalmente la industria minera, que se encuentra en Goiás, que es la tercera mayor productora mundial. Se estima que más de un millón de brasileños han sido expuestos ocupacional y ambientalmente al amianto. Es una cuestión de salud pública, como aclara Fernanda Giannasi en esta entrevista al periódico Le Monde Diplomatique. Giannasi es ingeniera civil y de seguridad del trabajo, auditora fiscal jubilada del Ministerio de Trabajo, fundadora de la Asociación Brasileña de los Expuestos al Amianto (Abrea) y coordinadora de la Red Virtual-Ciudadana por la Prohibición del Amianto en América Latina.
Diplomatique – ¿Por qué el amianto es una cuestión de salud pública?
Fernanda Giannasi – Porque es un problema que no es sólo afecta al ambiente de trabajo, sino que extrapola los muros de las fábricas y de la minería, alcanzando la población del entorno y los familiares de trabajadores, que son expuestos indirecta, eventual y ambientalmente.
 ¿Por qué el amianto puede causar daños a los trabajadores, a sus familiares, a la población y al medio ambiente, cómo el Estado y los movimientos sociales deberían lidiar con la cuestión?
Este tema debería constar de todas las pautas que tratan de las cuestiones de salud y medio ambiente en virtud de la gravedad y del uso intensivo que el mineral ha tenido en todo el mundo por más de un siglo.
¿Cómo se trata el amianto en el mundo?
Como una emergencia sanitaria, ya que fue considerado por el Senado francés como la "catástrofe industrial del siglo XX".
¿Cómo Brasil trata el problema del amianto?
En los últimos años, la mayoría de las personas que sufren por el amianto, que no se sienten atrapadas en el seno de la enfermedad, blanco brasileño – el llamado crisotilo – y la teoría del uso seguro o controlado, que, según sus defensores, minimizaría los riesgos de exposición atribuidos al mineral cancerígeno.
La fibra de coco es una alternativa al amianto en la fabricación de tejas. ¿Cuáles otras fibras pueden sustituir el producto?
En la mayoría de los casos, la mayoría de las personas que sufren de asimilación en el suelo, en la mayoría de los casos, lana de roca, vermiculita). Otras tecnologías han sido utilizadas para la fabricación de tejas, como las de plásticos de alta resistencia, cerámicas, metálicas, de concreto y de materiales de reciclaje.
¿Por qué no hay políticas públicas destinadas a dar visibilidad a los problemas relacionados con el amianto en Brasil?
Porque los intereses económicos siempre se sobrepusieron a los públicos. Como ya se ha dicho, Brasil ha estado hasta recientemente entre los cinco mayores productores, exportadores y usuarios mundiales del amianto, teniendo este sector productivo un papel relevante en el mercado nacional e internacional, influenciando incluso decisiones políticas para el aplazamiento de los debates sobre su prohibición. Varios parlamentarios de la bancada de la crisotilo en el Congreso Nacional tuvieron sus campañas financiadas por la industria del amianto, como quedó demostrado en el documental francés La muerte lenta por el amianto, de la directora Sylvie Deleule. En la película, disponible en YouTube (https://youtu.be/cZ9Yr6r_d34), el actual gobernador de Goiás, Ronaldo Caiado, confiesa que recibió recursos de la industria para su campaña electoral y denuncia que varios otros parlamentarios de su estado también fueron contemplados.
¿Cuál es el perfil y cuántas son las víctimas del amianto?
Aún no fue posible precisar el número de víctimas del amianto en Brasil, dado el silencio epidemiológico reinante en el país en función de diversos mecanismos de invisibilidad social. La inercia de las instituciones de salud, que no cumplen su papel de vigilancia epidemiológica, los pactos establecidos entre empresas y víctimas a través de acuerdos extrajudiciales (más de 3.000 instrumentos particulares de transacción fueron firmados por las dos empresas líderes del mercado de fibrocemento), que remuneran parentemente el silencio de las víctimas y sus familiares por las enfermedades adquiridas y el liminar del Tribunal Superior de Justicia (STJ), que protege a las empresas de no estar obligadas a informar los datos de sus trabajadores expuestos y enfermos a los órganos de salud, de estos mecanismos.
Las víctimas visibles del amianto son, en su gran mayoría, ex empleados de la cadena productiva del mineral, en sus más diversos usos, ya que las enfermedades relacionadas tienen gran latencia y llevan, en promedio, de 20 a 60 años para ser manifiestas. Es importante recordar que en Brasil, más de 3.000 productos fueron fabricados a base de amianto.
¿Cuál es el papel de la Asociación Brasileña de los Expuestos al Amianto (Abrea) en ese enfrentamiento?
Abrea fue fundada en 1995 por ex empleados de la multinacional suiza-belga Eternit, de Osasco, y de Thermoid, empresa de lonas de frenos automotores, de San Pablo. En 1998, los ex empleados de Brasilit, de São Caetano do Sul, pertenecientes al grupo francés Saint-Gobain, se unieron al grupo inicial y varias otras asociaciones fueron formadas en estados con fábricas de amianto. Hoy, existen asociaciones organizadas en Río de Janeiro, Bahía, Paraná, Minas Gerais y Pernambuco.
El papel de Abrea es reunir trabajadores, ex empleados y familiares, buscar alianzas con instituciones de salud para diagnóstico y tratamiento, proporcionar asistencia jurídica para las demandas individuales y colectivas, diseminar informaciones sobre los riesgos del amianto y sus sustitutos y proveer autoridades públicas y públicas parlamentarios para hacer avanzar los mecanismos sociales y legales de protección a los expuestos. Luchar por la recuperación de áreas degradadas por la minería del amianto, por la "desamiantización" de estructuras y terrenos contaminados y por la prohibición del amianto en todo el planeta también forman parte de nuestro papel.
¿Cómo son los procesos de reconocimiento e indemnización de las víctimas de la fibra?
Con la Enmienda Constitucional 45, que atribuyó a la Justicia del Trabajo el poder decisorio en procesos de indemnización por enfermedades adquiridas en el y por el trabajo, los procesos individuales se tornaron más rápidos y, en general, más exitosos en relación a lo que ocurría anteriormente en la esfera civil, en particular en cuanto a los valores de daño moral. Todas estas conquistas pueden estar amenazadas con la aprobación de la reforma laboral ocurrida en 2017, que pretendió limitar la actuación del Poder Judicial en la esfera laboral. Nuestro país aún no goza de una cultura judicial sobre las acciones civiles públicas, colectivas o también llamadas "class actions" y se percibe una timidez en los juicios de esos procesos, a diferencia de lo que ocurre en las acciones individuales.
¿Las redes sociales pueden servir como herramienta de lucha contra la marginación y contra la necrofilia del capitalismo?
Ellas fueron el gran diferencial en la lucha promovida por esas asociaciones de víctimas del amianto en virtud de su capilaridad y velocidad en la divulgación de informaciones, dando cierto equilibrio en esa correlación de fuerzas, hasta entonces, tan desigual contra nuestros adversarios, ya que no teníamos ni los órganos de prensa a nuestro favor y ni recursos financieros para esta disputa. Con el avance de las nuevas tecnologías digitales, estos movimientos se empoderaron cada vez más y se volvieron contrapoderes y "watchdogs" (perros de guardia), siguiendo pari passu y creando enredos y limitaciones a las estrategias de esa industria mortal para huir de sus responsabilidades.
¿La industria defiende el uso controlado del amianto y los movimientos sociales, la prohibición? ¿Cuáles son los pros y los contras de cada punto de vista?
Los esfuerzos e inversiones realizados por la industria para mejorar los ambientes de trabajo son innegables, pero no fueron suficientes para erradicar un riesgo, para el cual ningún límite seguro fue establecido por las mayores autoridades sanitarias del mundo. La tesis del uso controlado no se sustenta técnicamente y fue considerada no factible hasta la Organización Mundial del Comercio (OMC) en su panel arbitral en la disputa traída por Canadá (apoyada por Brasil y Zimbabue) contra la prohibición del amianto en Francia en 1996. la prohibición del amianto, una bandera emprendida en todo el mundo por activistas sociales y apoyada por entidades como la OIT, la OMS y la propia OMC, es la única forma de impedir nuevas enfermedades, aunque se sabe que, incluso con la prohibición,  todavía surgirán casos hasta cincuenta, sesenta años después, en función de la larga latencia de las enfermedades, en especial el cáncer del amianto, llamado de mesotelioma.
La lucha por el fin de la utilización del amianto puede ser configurada como un movimiento político comprometido con la transformación social en la búsqueda de una sociedad más justa, igualitaria y sana?
Es sin duda alguna una lucha por la justicia socioambiental. Esta iniciativa ciudadana mundial llevará a la erradicación de este crimen social perfecto, perpetrado por la codicia de una industria que conocía de largo plazo el precio que sería impuesto a la sociedad por su materia prima y que omitió deliberadamente los daños que causaría al planeta, segando millones de vidas inocentes a lo largo de todo un siglo.
* Rodrigo Farhat es periodista.
Traducción: SerTox