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Entrevista en Sevilla a la autora del libro: Historia del veneno. De la cicuta al polonio

8 mayo, 2016
"El polonio para envenenar a Litvinenko pudo valer unos 10 millones de dólares". Adela Muñoz. Catedrática de Química inorgánica de la Universidad de Sevilla. Por Luis Sánchez-Moliní. diariodesevilla.es. 08/05/16 . Investigadora con una larga trayectoria, ahora centra su trabajo en la divulgación científica, con libros de éxito como ‘Historia del veneno’ o las biografías de Lavoisier y Marie Curie.
Adela Muñoz, en la Facultad de Química de la Hispalense, durante la entrevista.
La vocación de Adela Muñoz (La Carolina, 1958) por la Química nació cuando estudiaba bachillerato en uno de los primeros institutos mixtos de la provincia de Sevilla, el San Fulgencio, en Écija. En este proceso tuvo mucha importancia su profesor don Antonio Romero y el convencimiento de que esta disciplina le permitía conjugar sus inquietudes intelectuales con sus intereses materiales. Como investigadora se ha dedicado, fundamentalmente,  a las espectroscopías de absorción de Rayos X empleando fuentes de radiación sincrotrón, con trabajos en aceleradores de partículas en Inglaterra, Francia y Japón. Sin embargo, en la actualidad, además de dirigir las tesis de jóvenes investigadores, anda más centrada en la divulgación científica -una de las grandes carencias de nuestro sistema- y la política universitaria. En el primer campo ha publicado con la editorial Debate el libro de éxito Historia del veneno. De la cicuta al polonio y biografías de Lavoisier y Marie Curie. Actualmente prepara un libro sobre científicas y sabias desde la antigüedad sumeria al mundo contemporáneo. En su web Hypatia.es trata la relación de las mujeres con la ciencia.

-Usted pertenece a esa generación de científicos que a la investigación pura y dura han unido la divulgación. Su libro Historia del veneno. De la cicuta al polonio (Debate) ha sido un éxito. El tema es morboso y fascinante. 
-Empezó con la idea de hacer más interesantes las clases de Química Inorgánica a mis alumnos. Una manera de llamar la atención de los estudiantes sobre la tabla periódica es hablar de los efectos que tienen los elementos sobre la salud. 
-Comienza con el famoso suicidio con cicuta de Sócrates. ¿Por qué eligió el filósofo este veneno? 
-La cicuta es una planta que se da en la cuenca mediterránea y se conoce desde mucho antes de la época de Sócrates. Es muy tóxica y los griegos la usaban como veneno de Estado, un veneno que, por cierto, tenía que pagar el propio condenado a muerte. La cicuta facilita una muerte dulce, porque es relativamente rápida y produce una parálisis progresiva. Era una sustancia relativamente cara, ya que había que recolectar las plantas y hacer una serie de cocimientos. A Sócrates, que no tenía dinero, se la pagaron sus alumnos. 
-¿Cuánta cantidad de este veneno hace falta para acabar con alguien? 
-Cincuenta miligramos de cicutina. En general, tiene que bastar con cincuenta miligramos de una sustancia para que la consideremos un veneno. En Grecia también usaban el acónito, que es diez veces más peligroso que la cicuta y que se cultivaba en alguna isla. En el mundo heleno el suicidio no iba contra la ley y, de hecho, lo solían practicar personas mayores, enfermas o que habían sufrido alguna deshonra. 
-¿Y la sustancia más tóxica que existe? 
-Que yo sepa la toxina botulínica, también conocida como bótox, que la segregan unas bacterias en el proceso de putrefacción de la carne. Quizás sea el veneno que ha producido más muertes a lo largo de la historia de la humanidad. 
-Pues ahora se usa para perseguir la eterna juventud… 
-En los tratamientos estéticos se usan unas cantidades pequeñísimas que lo que hacen es matar los nervios. Nunca se introduce en el tracto digestivo o en el torrente circulatorio. Que yo sepa nunca ha habido una muerte por uno de estos tratamientos. 
-¿Y venenos anteriores a los griegos? 
-El segundo marido de Agatha Christie, Max Mallowan, encontró unos enterramientos sumerios en Iraq en los que había restos de unas 70 personas que podrían haber fallecido por unos envenenamientos rituales sobre el 2300 a. C. 
-Otros de los envenenamientos más famosos de la historia es el de Cleopatra. 
-El envenenamiento de Cleopatra sigue siendo un tema sobre el que se hacen todo tipo de conjeturas. La hipótesis más romántica es la del áspid, una serpiente muy venenosa, pero no cuadra del todo. Ahora también se especula con la posibilidad de que se pudieron hacer una serie de ofrendas rituales quemando plantas sagradas y sin facilitar la ventilación. Cleopatra habría muerto asfixiada. 
En la antigüedad y la prehistoria parece que hay una vinculación entre veneno y mujer. 
-Los hombres eran los cazadores y las mujeres, las recolectoras, por lo que sabían qué plantas se podían comer, cuáles curaban y cuáles mataban. En Albuñol (Granada) se ha encontrado un enterramiento neolítico en el que aparece una mujer rodeada de hombres y cápsulas de opio. Es posible que estemos ante una tumba ritual de una especie de bruja, sabia o herborista que conocía bien el secreto de las plantas. No sólo sabían de venenos, sino también de afrodisíacos. 
-Los romanos eran también aficionados a los venenos. 
-Tuvieron que hacer una ley por la que se condenaba a muerte a los padres que envenenasen a sus hijos. En los comienzos del Imperio el veneno tuvo un papel protagonista y se usó muchísimo como arma política. Quitaba y ponía emperadores y dirigía la sucesión del trono. 
-¿Y en el Renacimiento? 
-Existía la figura de los probadores, sin cuya actuación ningún príncipe o prelado comía o bebía nada. En esta época, el veneno también era un gran arma política junto a la daga. Los probadores ya existían en Roma e incluso tenían una especie de sindicato. 
-Recientemente el mundo vivió asombrado el envenenamiento con polonio de Aleksandr Litvinenko, un ex agente de los servicios de inteligencia rusos que había denunciado que Putin estaba detrás de algunos crímenes de estado, como el asesinato de la periodista rusa Anna Politkovskaya en octubre de 2006. 
-Ya está clarísimo que le suministraron el polonio en el té. En unas tres semanas pasó de ser una persona joven y atractiva a un anciano decrépito y morir. El polonio fue destrozando y quemando todo el interior del cuerpo de Litvinenko, pero lo que lo mató fue que destruyó su médula ósea. La muerte de este ex agente ruso le pudo costar a sus ejecutores unos diez millones de dólares, porque el polonio se tuvo que producir ex profeso, algo para lo que se necesita un reactor nuclear. 
-Tuvo que haber mucho interés en matarlo. 
-Y matarlo de una forma espectacular y con gran repercusión mediática mundial. También se buscaba dar una propaganda negativa a la energía nuclear. Rusia tiene mucho gas y no le interesa que Europa desarrolle otras fuentes de energía, entre ellas la nuclear. 
-Vayamos a asuntos más amables. También ha escrito una biografía de Lavoisier. ¿Cuál es su importancia? 
-Fue el padre de la química moderna, disciplina que antes de él era un arte esotérico, íntimamente ligado a la alquimia. Consiguió hacer de la química una ciencia exacta como las matemáticas o la física. Vivió fundamentalmente en París y allí lo guillotinaron durante el periodo final del Terror de la Revolución Francesa, en el mismo patio que a Luis XVI. Además, fue un reformador social partidario de la enseñanza laica y de las mujeres. Una de las muchas tareas que realizó a lo largo de su vida fue pertenecer a la Comisión de la Pólvora, que mejoró considerablemente la pólvora francesa, que hasta entonces era sensiblemente peor que la Inglesa, restándole eficacia a los cañones galos. Esto tuvo efectos importantes. Por ejemplo, una gran parte del triunfo de los patriotas en la Guerra de Independencia Americana, que fue apoyada por Francia, se debe a la buena pólvora que ya se producía en el país galo. También podemos decir que gran parte de las victorias de Napoleón fueron gracias a los descubrimientos de Lavoisier. 
-Dentro de la misma colección tiene una biografía de uno de los grandes nombres de la ciencia de todos los tiempos, Marie Curie. 
-Curie era una nacionalista polaca, y por eso bautizó al polonio con ese nombre. Se crió en una familia de profesores: su padre enseñaba física y su madre era la directora del pensionado de señoritas más considerado de toda Varsovia. Sin embargo, su infancia fue muy traumática debido a la cruel invasión rusa de su ciudad y parte del país. De hecho, algunos de sus familiares fueron asesinados o deportados a Siberia por rebelarse contra los rusos. A su padre lo degradaron de director de un instituto a bedel y terminaron echándolo. Sin embargo, el conocimiento y el saber siempre fueron fundamentales en su casa. Participó en un proyecto muy romántico, la Universidad Volante, un centro clandestino en el que se enseñaba en polaco que iba rotando por los domicilios de los profesores y alumnos. 
-Una auténtica vocación por el conocimiento. 
-Siempre tuvo pasión por el conocimiento y el estudio, pero empezó a cursar la carrera con 23 años, porque antes tuvo que trabajar para cumplir un pacto con una de sus hermanas mayores, quien primero estudió Medicina en París y, luego, alojó a Marie en su casa para que ella pudiese hacer la carrera. Terminaría siendo la primera profesora de la Sorbona tras seiscientos años de historia. Tenía una gran fascinación por descubrir y entender. 
-Le dieron el Nobel muy joven. 
-Sí, en 1903, junto a su marido Pierre Curie. Era el tercer año que se concedía y ellos fueron los que contribuyeron a darle mucha relevancia. Hasta entonces la ciencia era una cosa de señores muy serios que poco tenían que ver con la vida y el hecho de que un matrimonio joven, con una hija pequeña, ganase este premio le dio una relevancia que no tenía hasta entonces. 
-Sin embargo, siempre vivió con apreturas económicas. 
-Sí, rechazaba la idea de enriquecerse con la ciencia y el conocimiento, porque creía que no se podía comerciar con lo más grande que tenía el ser humano. Siempre estaba mirando el céntimo. Por ejemplo, se trasladaba en bicicleta no sólo por hacer ejercicio, sino porque era más barato que otros medios de transportes. 
-Fue una pionera en los estudios sobre la radioactividad y también una mártir de la ciencia. 
-Eso, sí y no. Más mártir fue su hija Irene, a la que también le dieron el Nobel junto a su marido, Frédéric Joliot, y que murió a los 59 años. Sin embargo, Marie Curie falleció a los 67 años, lo que en aquellos años, a mediados de los 30 del siglo XX, era una edad ya avanzada. Y eso que tuvo una infancia muy dura, con carestía de alimentos. Tuvo que ser una mujer extraordinariamente fuerte, porque en su laboratorio murió mucha gente en torno a los 40 años. Su hija nunca tuvo problemas de alimentación en la infancia, pero su madre llegaba todas las noches a su casa con la ropa llena de radioactividad. Irene mamó literalmente la radiactividad. Por cierto, Frédéreic Joliot fue el que convenció a De Gaulle para que apostase por la energía atómica para que Francia fuese un país independiente energéticamente, ya que no tenían petróleo ni gas. Marie Curie nunca admitió que su gran descubrimiento, el Radio, podía ser malo y no empezó a utilizar protección hasta que las evidencias eran apabullantes. 
-En España siempre ha existido el lugar común de que no hay buena divulgación científica. Eso ha empezado a cambiar hace poco. 
-Es que, hasta ahora, se consideraba un demérito que un científico hiciese divulgación, algo que se veía como una mancha. Ahora, sin embargo, en los currículos se está incluyendo un apartado para explicar la labor divulgativa y se valora positivamente. Somos muchos los que pensamos que una de las tareas de los científicos debe ser explicar a la sociedad la importancia de lo que hacemos. 
-Hace tiempo que se está advirtiendo una cierta escasez de nuevas vocaciones científicas. ¿Es eso un problema? 
-El otro día, un compañero me decía que los buenos estudiantes ya no hacen ciencia, porque ahora mismo no tiene una gran consideración social. Prefieren dedicarse a las disciplinas económicas, que sí dan dinero y notoriedad. También es preocupante el desinterés de las escolares por estas materias. Según las últimas encuestas, el interés de las niñas por la ciencia es el 50% menor que el de los niños. 
-Hay que saber transmitir la gran aventura intelectual que es la ciencia. 
-Claro, pero eso debe empezar en la escuela. Pero, más que la falta de vocaciones, el gran problema ahora mismo es la sangría de talentos. Tenga en cuenta que el 30% de los premios extraordianrios de carrera se van fuera.