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El consumo de drogas en época de COVID-19, desde España

6 abril, 2020
Drogadicción y confinamiento: pasar el mono en cuarentena. Por Guillermo Martínez.  publico.es. 06/04/2020. El síndrome de abstinencia provocado por la imposibilidad de comprar las sustancias puede pasar factura en las relaciones y estados de ánimo del consumidor, tanto de los que ya han generado una adicción como aquellos que la utilizan de forma recreativa. Un juez anula una multa por consumo de drogas impuesta por la Ley Mordaza en un pueblo de Murcia. / EFE (archivo) El cannabis es una de las drogas ilegales más consumidas en España. El precio de los porros ha subido. La situación de confinamiento también ha hecho efecto en la ley de la oferta y la demanda del comercio ilegal de sustancias estupefacientes. Además, el hecho de que las personas que usan y abusan de las drogas no puedan salir de sus casas ha afectado a los procesos de rehabilitación, que se siguen realizando mediante videollamadas entre los pacientes y los centros de tratamiento, además de que los síndromes de abstinencia provocan, cada vez más, cambios en los ritmos de sueño y de humor en aquellos que no pueden consumir de la misma forma en que lo hacían hace un mes. El cannabis es una de las drogas ilegales más consumidas en España. Se empieza a hacer uso de ella, de media, poco antes de los 15 años, según la encuesta Estudes del Plan Nacional sobre Drogas del curso 2018/2019, el dato más actualizado. Tal y como afirman desde la Fundación de ayuda contra la drogadicción (FAD), la sintonía general de las llamadas que reciben se enmarca en el sentimiento de “angustia por no poder salir”, aunque también puntualizan: “Hemos observado un descenso en el número de llamadas y pensamos que puede ser debido a la falta de intimidad en los hogares, que no permite a las personas hablar con libertad de sus problemas. Hay también un repunte de llamadas de padres y madres de adolescentes pidiendo recursos u orientación sobre cómo manejar la situación con el menor en casa”. La realidad es que los jóvenes que normalmente usaban el cannabis como elemento recreativo y ocioso han visto alterados sus ritmos y “al no tener unos horarios estipulados en relación al instituto, muchos están viviendo esto como si fuera un fin de semana constante, acostándose y levantándose tarde, por ejemplo”, según indica Mónica Casado, la coordinadora de ACLAD en Burgos, una asociación de ayuda al drogodependiente que suele trabajar con jóvenes que usan y abusan del alcohol y el cannabis. Esta entidad trabaja en Castilla y León (Burgos, Valladolid, Palencia y León) y desde el 16 de marzo hasta el final de ese mes ha prestado atención social a 267 personas mediante entrevistas telefónicas, el mismo medio utilizado con las 238 que han necesitado atención psicológica y que se han puesto en contacto con ellos. Casado afirma que al principio observaron “estados de ánimo propios del confinamiento en los que, además de la incertidumbre, se sumaban algunos miedos; y en algunos de los usuarios sí se apreciaban sintomatologías propias del síndrome de abstinencia, como cambios de humor y de sueño”. Además, incide en el alto nivel de responsabilidad que las personas en tratamiento están mostrando en torno a la cuarentena, desechando de alguna forma que las ganas de consumir sean tan excesivas como para saltarse la cuarentena e intentar comprar droga; atestiguando este hecho mediante el seguimiento constante que realizan mediante WhatsApp o videollamadas. La importancia del grupo La jefa de formación de la FAD, Celia Prat, pone el foco en el sentimiento de grupo también distorsionado por el confinamiento obligatorio, sobre todo en el consumo de los jóvenes, que, de forma mayoritaria, no tiene que ver con la adicción sino con la experimentación: “Al estar ligados a espacios y momentos de ocio, en los que el grupo tiene una gran presencia, muchos de los problemas de la situación de aislamiento actual tienen que ver con esa ausencia del grupo y no solo con la imposibilidad de consumo”. Además, remarca que “es importante diferenciar estos dos aspectos, aquello que se puede estar echando de menos por la falta de los amigos, como puede ser la diversión y el refuerzo del grupo, de lo que realmente sí está sucediendo por la falta de la sustancia [malestar]. En este último caso, será muy importante analizar las razones de nuestro consumo e identificar aquellas situaciones y momentos en los que se recurre a él, para tratar de buscar soluciones específicas a cada una de ellas”, puntualiza la formadora. Teniendo claro los dos aspectos anteriormente mencionados, si la situación de malestar está originada por la falta de la sustancia habrá que reflexionar en torno a lo que se busca con el consumo: “Si lo hacemos para relajarnos, por aburrimiento o por estar con el grupo, cada situación podrá tener una alternativa distinta que conviene conocer y poner en marcha buscando otras opciones que diviertan, que relajen, que ofrezcan posibilidades de conexión con los demás”, señala. Retornando un poco a lo ya comentado por Casado, desde la FAD opinan que “en estos momentos de aislamiento hay dos aspectos muy importantes para todos que tener en cuenta: la rutina y la disciplina”, y que en los niveles elevados de estrés producidos por una situación de dependencia lo recomendable es recurrir al profesional que estaba guiando el proceso terapéutico y poner en marcha las opciones que desde ese profesional se hayan señalado. En el caso de que sea una situación nueva en el entorno familiar, y no se había puesto en marcha ningún apoyo profesional, desde la FAD animan a hacerlo a través de su número de teléfono, en el que informan sobre los recursos a los que se puede acudir en caso de necesidad, además de ofrecer orientación, escucha y apoyo ante estas situaciones de consumo. El mono frente a la convivencia familiar Ansiedad, irritabilidad y falta de apetito se suman a los síntomas ya mencionados de la pérdida de los ritmos de sueño o cambios de humor en el caso del síndrome de abstinencia producido por el cannabis. “Todo ello puede hacer que la persona se muestre de forma más agresiva y, por supuesto, agravar la necesidad de buscar la sustancia de consumo de forma acuciante para evitar estos síntomas, sin tener en cuenta las normas más comunes que regulan nuestra convivencia, los pactos o acuerdos previos a los que se había llegado y las decisiones tomadas anteriormente; algo que tendrá una gran influencia en el clima familiar y en la convivencia con las personas del entorno, perjudicando las relaciones”, relata la especialista de la FAD. Que alguien tenga mono por la imposibilidad de salir a comprar se ve agravado por la situación de confinamiento, ya que ello obliga a la persona a estar recluida y, en ocasiones, exteriorizar su malestar con personas de su entorno familiar que nunca antes le habían visto alterado por este motivo. Debido a que el rango de población que más uso hace del cannabis es, presumiblemente, el de los jóvenes que no se han independizado de casa de sus padres, las consecuencias se materializan a base de conflictos: “Pueden aparecer situaciones de tensión, en las que se usen mentiras, de mayor agresividad, incluso de pérdida de respeto”, agrega Prat, y basa esta tesis en que “la dependencia significa que el centro de interés de la persona que consume es obtener la sustancia y lo demás pasa a un segundo plano; por lo tanto, son secundarias aquellas normas que regulan las relaciones y la convivencia, además de que serán difíciles de cumplir en el caso de la persona consumidora”. En estos casos, la formadora de la FAD recomienda acudir a un profesional, pero sobre todo “mantener una actitud comprensiva, tranquila y serena, ya que, aunque no se trata de admitir o aceptar este consumo, la tensión no ayuda a afrontar la situación de la mejor manera. En lugar de tratar de tomar decisiones en estos momentos tensionados, es preferible obtener información y actuar en aquellos momentos que permitan una mayor reflexión y análisis. Una respuesta que muestre unión entre progenitores y, por supuesto, que no suponga un juicio de valor —continúa Prat—sobre el consumidor y su comportamiento, van a ser unas medidas muy relevantes para comenzar a afrontar la situación”. Cocaína Pero los síndromes de abstinencia difieren mucho unos de otros dependiendo de la sustancia consumida. Antón Durán es el director de la fundación madrileña Hay Salida, que en estos momentos trata a más de tres decenas de pacientes, de los cuales un 61% han sido adictos al alcohol y a la cocaína. Cuestionado sobre si el confinamiento puede afectar a los procesos de rehabilitación de los pacientes, este psicólogo especializado en adicciones responde que “los que más riesgo tienen de caer son los que están entre el principio y el primer año de tratamiento, porque son los más vulnerables”. Aunque desde la fundación han implementado las videollamadas grupales para suplir de la manera más eficiente posible las terapias de grupo, los controles de orina que efectuaban aleatoriamente a los usuarios han tenido que dejar de realizarlos. Asimismo, comenta que para evitar que las personas en tratamiento beban, “ya que esta es la puerta de entrada a otras drogas”, todos toman Altabús, una medicación que “si ingieres alcohol genera una especie de rechazo en tu organismo”. Por otra parte, aunque el número de consumidores de heroína ha bajado drásticamente en las últimas décadas, esto se ha producido por la cantidad de “programas de reducción de daños”, como el suministro controlado de metadona. Desde Hay Salida piensan que este tipo de tratamiento a nivel fisiológico también debe ir acompañado de uno psicológico, y remarcan que “uno de los monos más difíciles de pasar es el que te crea la propia metadona”. Este sustitutivo de la heroína generalmente era dispensado en las farmacias, pero dado el estado de alarma y las restricciones al movimiento “los centros que la suministran lo hacen mediante unos recipientes en los que proporcionan dosis suficientes para que la persona en tratamiento solo tenga que ir una vez cada semana o quince días”, informa Durán. De esta forma, “prefieren arriesgarse a que algún paciente pueda llegar a traficar por tener bastantes dosis de metadona en su poder a que se expongan día tras día a un posible contagio de coronavirus por tener que ir a las farmacias”, completa el psicólogo. Sustituir la sustancia ilegal por otras legales En cuanto a las personas que no pueden salir a hacerse con cocaína, el especialista de Hay Salida dice que “seguramente estarán tomando todas las benzodiacepinas que tengan por casa y probablemente estén ingiriendo mucho alcohol”. Incidiendo en que el peor síndrome de abstinencia hoy en día es el que produce el alcohol, ya que puede llegar a desembocar en la muerte si se da un delirium tremens de tercer grado, Durán advierte de que el uso abusivo de benzodiacepinas también puede provocar convulsiones y taquicardias. De sobra es conocido cómo al uso recreativo de la cocaína se le suma otra función relacionada con la estimulación que provoca en el organismo: muchos trabajadores la utilizan durante su jornada laboral. “Esas personas que ahora teletrabajarán estarán utilizando estimulantes en grandes dosis, como cafeína y bebidas energéticas, y también la concerta, un medicamento estimulante para tratar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) que se expide con receta”, añade Durán. Desde Energy Control, un proyecto de la Asociación Bienestar y Desarrollo, se dedican a analizar las sustancias que aquellas personas que las usan les acercan, viendo así su grado de pureza. Claudio Vidal, el responsable de este colectivo en Andalucía, explica que ahora mismo es muy complicado saber cómo está la situación de los consumos. En su caso, suelen estar cerca de personas que usan drogas para salir de fiesta, de forma puntual, así que “la práctica totalidad de los consumos ahora no se van a hacer, aunque otra cosa son las personas con consumos problemáticos, que ya han desarrollado una adicción, y el confinamiento les presenta muchas dificultades”, comenta Vidal. Mayor precio, menos pureza Él mismo agrega que ya hay organismos internacionales dando recomendaciones a la gente para que se prepare para pasar esta situación, como la Comunidad internacional de personas que usan drogas (INPUD, por sus siglas en inglés). De hecho, ellos mismos en su página web han publicado algunas advertencias de cara al consumo durante el confinamiento en un texto titulado Fiesta y drogas en los tiempos del coronavirus. Además, el medio especializado Drug Reporter está recogiendo las distintas medidas relacionadas con el uso de drogas que se están tomando a nivel europeo. Desde su experiencia, el integrante de Energy Control comenta que “cuando ha habido desabastecimiento en el mercado o interrupciones en lo que serían las dinámicas habituales del mismo, siempre aparecen dos consecuencias: aumenta el precio, ya que el mercado también se aprovecha de que ahora la gente esté dispuesta a pagar más; y disminuye la pureza, algo que difícilmente ocurre en el cannabis pero sí es notorio en la cocaína, por ejemplo”. Vidal señala que los niveles de pureza en la cocaína de los últimos tiempos eran máximos, y que las adulteraciones producidas mediante el corte de la sustancia con analgésicos locales, incluso algunos de ellos retirados para el uso humano, apenas se estaba produciendo en España. “Nosotros pensamos que la mayoría de los casos en los que las personas estaban usando drogas, durante este periodo van a dejar de hacerlo sin mayor problema, igual que se dejan de hacer otras actividades, porque no son adictos, pero sí habrá una minoría a la que este confinamiento le afecte muy negativamente”, finaliza el propio Vidal. Así pues, el confinamiento también es una situación realmente excepcional tanto para aquellas personas que abusaban de las drogas y se encuentran en tratamiento como para aquellas que las usaban de forma ociosa y ahora tampoco pueden hacerlo. Realidades nuevas que habrá que afrontar con nuevas experiencias.