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Drogas y conducción

26 abril, 2008
El cannabis toma la delantera al alcohol entre los conductores que sufren accidentes. Cada vez más drogados al volante. Por Alejandra Rodriguez. elmundo,es.26/04/08. Buena parte de los traumatizados en incidentes de tráfico ingiere sustancias tóxicas que alteran sus capacidades físicas y mentales para conducir. Los test actuales no detectan estas sustancias en la carretera. Los que escapan a un primer accidente doblan su probabilidad de morir en un segundo siniestro.
Drogas y conducción
Marihuana
La escena se repite cada fin de semana en las carreteras españolas. En un control de la policía muchos ciudadanos soplan por la boquilla de un dispositivo capaz de detectar su nivel de alcohol espirado. Los que dan positivo, multas aparte, se quedan en la cuneta y no pueden ponerse de nuevo al volante.
Otros, por el contrario, dan negativo y continúan su marcha. Sin embargo, eso no quiere decir que estén preparados para manejar su vehículo. Las estadísticas sugieren que muchos individuos que escapan al alcoholímetro han tomado otras drogas capaces de alterar sus capacidades para conducir. Muchos de ellos sufren accidentes graves que no relacionan con estas sustancias y que, por tanto, no les disuaden de su peligrosa conducta. Los profesionales sanitarios están convencidos de que, al igual que se hace con otras situaciones de riesgo para la salud, estos pacientes traumatizados deberían recibir una atención integral que evite que se vuelvan a convertir en un peligro sobre ruedas.
¿Alguien concibe que a una persona que ha sufrido un infarto o un accidente cerebrovascular no se le empiece a aleccionar de cara a evitar un nuevo episodio de estas características a medio y largo plazo? La respuesta es no. Sin embargo, esto es lo que ocurre, precisamente, con respecto a los accidentes de tráfico en los que los implicados están bajo los efectos de las drogas; y no sólo del alcohol.
"Nuestro sistema sanitario no escatima ningún recurso en la fase aguda de cualquier proceso; no obstante, se tiende a ignorar la patología o los trastornos de base", explica el doctor Enrique Fernández-Mondéjar, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Traumatológico de Granada y firmante de un estudio que verá la luz en pocas semanas en ‘Medicina’ ‘Intensiva,’ publicación que también dirige este especialista.
En él, los autores plasman una preocupación que está empezando a generalizarse en el colectivo médico y no es otra que las diferentes sustancias de abuso se están convirtiendo en protagonistas de los siniestros en las carreteras.
De hecho, el cannabis ha adelantado al alcohol y ya se encuentra en un porcentaje muy elevado de los siniestros que resultan con pacientes fallecidos o traumatizados (ver gráfico). Sin embargo, y al contrario de lo que ocurre con la bebida, la población general no tiene conciencia de cómo pueden afectar dichas drogas a las capacidades para conducir.
"Independientemente del mecanismo de acción de cada sustancia tóxica sobre el organismo [depresora, estimulante, perturbadora, alucinógena…], todas perjudican la conducción por su efecto sobre el sentido crítico individual; se desata un sentimiento de invulnerabilidad, de ‘supercapacidad;’ y se ignora el riesgo", dice Eusebio Mejías, director técnico de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).
Una prueba de sus palabras se encuentra en un informe elaborado por la Fundación Australiana de Drogadicción (ADF). En él se refleja que, casi el 80% de los conductores dice saber bastante acerca de los efectos del alcohol sobre la conducción. Sin embargo, cuando se trata de drogas ilegales, más de dos tercios de la muestra refiere no conocer nada o muy poco sobre su impacto a la hora de ponerse al volante.
Es más, muchos creían que ingerirlas no tenía por qué tener efectos sobre la conducción o, llegado el caso, cuánto tiempo debían de esperar antes de subirse a un vehículo si antes las habían tomado.
De esta manera, e independientemente de la sensación que le produzca la sustancia en cuestión, el individuo drogado al volante asume unos riesgos excesivos, desprecia el riesgo, ignora las señales y medidas de seguridad (casco, cinturón…), pisa el acelerador más a fondo, tarda más en frenar, realiza maniobras peligrosas… y todo ello con las capacidades sensoriales, motoras y físicas mermadas.
Un interesante experimento publicado en la revista de motor ‘Max’ ‘Power’ en 2001 ya se hacía eco de los peligros de conducir bajo los efectos de las drogas (fueran legales o no) e, incluso de varios fármacos.
Cuatro conductores seleccionados por la publicación realizaron pruebas de conducción (iguales y con el mismo coche) estando sobrios y después de ingerir éxtasis, cocaína, marihuana o alcohol. En todos estos casos se redujo la eficacia de la conducción, se perdió precisión en las maniobras y se cometieron errores de diversa índole.
En opinión de los autores de este reportaje y de los especialistas sanitarios, la situación se agrava sobre todo si se tiene en cuenta que, por regla general, el accidentado ha ingerido más de una sustancia tóxica.
"El alcohol es prácticamente omnipresente; la marihuana casi lo mismo y a cierta distancia la cocaína, pero lo habitual es encontrar un cóctel de varias cosas", explica el director técnico de la FAD; una reflexión que se ve refrendada por los datos recogidos en ‘Medicina Intensiva’.
El reto que tienen ante sí los profesionales sanitarios es cerrar el círculo asistencial a los pacientes politraumatizados que sufren un accidente de tráfico bajo los efectos de las drogas.
"Cambiar los comportamientos es extremadamente difícil", apunta Fernández- Mondéjar con respecto a modificar los hábitos de consumo de sustancias.
"Sin embargo, la prevención secundaria que se inicia desde el mismo instante del encamamiento, igual que se hace, por ejemplo, con el infarto de miocardio, es mucho más eficaz; al fin y al cabo se trata de gente que le ha visto las orejas al lobo y hay posibilidades de tener éxito", reflexiona. En opinión de este especialista, ofrecer intervención motivacional a este tipo de sujetos es un deber ético, sobre todo, teniendo en cuenta que se trata de individuos reincidentes en un alto porcentaje de los casos y de que, además, se sabe que tienen el doble de posibilidades de fallecer en otro siniestro debido, precisamente, a que ignoran el peligro.
"Todo ello sin contabilizar la cantidad de incidentes menores que también pueden protagonizar a causa de sus conductas de consumo de sustancias", resume el experto, que también sugiere que gracias a este procedimiento se pueden detectar adicciones subyacentes.
Precisamente, la existencia o no de una adicción establecida marca el éxito del consejo médico a este tipo de pacientes. "Si existe este problema la intervención es menos eficaz y hay que buscar otros cauces; por el contrario, en los que ingieren sustancias de manera lúdica sí observamos una gran acogida y más eficacia", relata el director de ‘Medicina Intensiva’.
Y es que, aunque en nuestro país no hay muchos datos al respecto, en otros lugares que cuentan con más experiencia al respecto se ha podido comprobar que la intervención motivacional reduce hasta en un 47% la reincidencia de la siniestralidad por consumo de sustancias de abuso; según el Centro de Investigación para la Prevención de Traumatismos Harborview de Seattle (EEUU).
Fernández-Mondéjar aspira a seguir la estela de este centro pionero formando un equipo multidisciplinar que atienda a estos pacientes. "Actualmente nos estamos sirviendo del voluntarismo y de la ilusión de los profesionales; especialmente de las enfermeras, que son el eje de la intervención motivacional, pero lo idóneo es contar, además, con psicólogos, psiquiatras y médicos coordinados entre sí", anhela el experto, que ya tiene en mente evaluar la eficacia de este procedimiento a medio y largo plazo. "Así sabremos si basta con hacerlo a pie de cama o si hay que repetirlo, por ejemplo, cada tes meses", concluye.
Sanciones
A pesar de la utilidad de esta actuación, los especialistas no se llaman a engaño. Hasta que no se produce un accidente grave (y a veces ni siquiera entonces), los conductores no son conscientes de los riesgos de conducir drogado. Por este motivo, todos los especialistas consultados por SALUD, coinciden en la necesidad de completar la batería de intervenciones con el endurecimiento de las medidas controladoras y sancionadoras que persuadan al conductor de ingerir estas sustancias antes de subirse a un vehículo.
De hecho, ya se está trabajando en el desarrollo de test de saliva y sudor (el método ha de ser tan rápido, sencillo, eficaz y poco invasivo como el del alcoholímetro) para rastrear la presencia de cocaína, cannabis y anfetaminas. Sin embargo, la tarea no es nada fácil. «Por una parte nos encontramos con un problema legal, porque esta sustancias son ilícitas y encontrarlas implica una actuación jurídica», explica Eusebio Mejías.
"Además, las pruebas revelan que se ha consumido una determinada droga, pero no el momento en el que se ha hecho, de manera que es bastante difícil establecer si su ingesta interfiere en ese momento en la capacidad para conducir", apostilla Ferández-Mondéjar.