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Dos noticias para alimentar la controversia sobre el botulismo del lactante transmitido por la miel

26 octubre, 2011
1) Los riesgos de la miel en la alimentación infantil. consumer.es. 20/10/11. Los expertos aseguran que los niños menores de un año no deben consumir miel debido al riesgo de contraer botulismo infantil.Una suerte de polémica retorna cada cierto tiempo a los debates sobre la alimentación más adecuada para los bebés: ¿es acertada la recomendación de no dar miel a los niños menores de un año o se trata de una exageración que solo conduce a crear alarmas innecesarias?
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Dos noticias para alimentar la controversia sobre el botulismo del lactante transmitido por la miel
Miel pura de abejas
(Sertox)
Esta historia comenzó en 1976, cuando en California, Estados Unidos, se produjeron varios casos de bebés afectados de botulismo infantil y se identificaron como causa las esporas del microorganismo Clostridium botulinum. Dos años más tarde, un estudio epidemiológico analizó numerosos alimentos y sustancias del entorno para hallar la fuente de ese microorganismo: las esporas aparecieron en cinco muestras de tierra, una de polvo de una aspiradora y nueve de miel. Inmediatamente, la miel se convirtió en el riesgo oficial para los niños, ya que es la única de esas variables que se puede controlar.

Sin embargo, algunos especialistas consideran que este riesgo está sobrevalorado. Es el caso de Bee Wilson, autora del libro "La colmena: historia de la abeja y nosotros" y de un artículo publicado en 2005 por el periódico británico The Guardian, que reencendió la polémica.
Las cifras del botulismo infantil

En Gran Bretaña, los botes de miel y los envases de productos que la contienen llevan una muy llamativa etiqueta blanca con letras negras, en la que se advierte del riesgo de botulismo para los niños menores de un año que la consuman. "Conozco un padre que sufrió un ataque de pánico tras haber dado por error a su hija de 11 meses un dulce de fruta que contenía un poco de miel", escribió Wilson en el citado texto. Pero los riesgos, afirmó, no son "tan obvios" como la etiqueta sugiere y "la historia que hay tras la advertencia es ambigua e irónica".

Los argumentos que se esgrimen para bajar la consideración de los riesgos que la miel representa para los bebés se centran, sobre todo, en tres elementos:

    los pocos casos detectados
    las altas probabilidades de curarlo si se trata a tiempo y
    su baja tasa de mortalidad.

La incidencia de la enfermedad es realmente baja. Según un informe de la Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria (EFSA), publicado en 2004, desde su detección inicial habían aparecido 49 casos de botulismo en Europa (Italia era el país con mayor cantidad, 17, seguido por España, con 9). En cambio, en el resto del mundo -según afirma la investigación- se habían dado más de 1.000 casos, y este es el dato fundamental: el 90% de ellos había tenido lugar en EE. UU.

En concreto, es en California donde la miel y el suelo contienen más esporas de botulismo que en cualquier otra parte. Sin embargo, en ese Estado de la costa oeste norteamericana "solo entre un 10% y un 13% de las muestras de miel contienen esporas", asegura Bee Wilson en su artículo.

¿Y cómo afectan las esporas de Clostridium botulinum a los niños? Por lo general las afecciones se dan en bebés de menos de 6 meses. Como aún no tienen un sistema digestivo maduro, las esporas consiguen germinar, multiplicarse y colonizar el intestino, donde empiezan a producir la neurotoxina del botulismo. Unos treinta días después de la ingestión aparecen los primeros síntomas: estreñimiento, el bebé no tiene la fuerza habitual para llorar o mamar…
No obstante, si el bebé recibe el tratamiento médico adecuado, el pronóstico es bueno. El botulismo infantil (salvo escasas excepciones) es bien distinto del botulismo que afecta a los adultos al consumir la toxina preformada de Clostridium botulinum, y que tiene peor pronóstico. De hecho, el índice de mortalidad del botulismo infantil también es muy bajo: 1,3 %. "Si uno es un progenitor angustiado, la mera frase ‘mortalidad baja’ es aterradora -escribe Wilson-, pero la actual advertencia parece sobrevalorada".
La necesidad de prevenir

Todos estos datos parecieran, en efecto, hablar de una sobreestimación de la gravedad real del problema. Y vienen bien para que los padres no sean presas del pánico ante una situación como la del hombre que dio a su hija un dulce que contenía miel.

Pero, más allá de eso, el mencionado informe de la EFSA insiste en la necesidad de prevenir. Advierte que, ante la imposibilidad de garantizar la ausencia total de esporas en la miel, lo conveniente es no suministrarla a niños menores de un año. Y esto incluye no solo su consumo directo sino también otras vías, como las costumbres de untar un poco de miel en el pezón de la madre antes de dar el pecho al niño o la de untar con miel los labios del bebé.

2) Aconsejan no dar miel a lactantes. diariouno.com.ar. 230/09/11. Por ley, los envases que se comercialicen en Mendoza deberán recomendar que el producto no sea consumido por menores de un año. Qué es el botulismo del bebé y por qué es tan peligroso.

Por ley, la miel que se comercialice en Mendoza deberá llevar en su envase la leyenda: “Evite el consumo de miel en niños menores de un año”, aunque desde 2007 el Código Alimentario Argentino obliga a que en las etiquetas figure una consigna similar y cuando la tendencia mundial sugiere elevar la edad mínima a los dos años.

La iniciativa fue bien recibida tanto por especialistas de la salud como por los productores apícolas, pero estos últimos pidieron no generar una psicosis en torno al consumo de este producto en niños pequeños.

La autora del proyecto, la ex diputada Mirta Díaz, se alegró al conocer la novedad –se enteró por UNO–, ya que había presentado la iniciativa en 2006. “Existen muchos peligros por el consumo de miel en los chicos, especialmente cuando se les unta el chupete o se les endulza la leche. Los chiquitos pueden adquirir el botulismo del lactante, que puede traer problemas serios”, señaló.

Si bien esta enfermedad es de las denominadas huérfanas o raras por su baja incidencia, Argentina ocupa el segundo lugar –después de Estados Unidos– en la lista de países que han reportado más casos a partir de 1976, fecha en que se describió por primera vez.

Afecta principalmente a niños menores de un año, aunque la mayoría de los casos se da entre los dos y los seis meses de vida. Los lactantes aún no tienen su aparato digestivo, en especial el intestino, lo suficientemente maduro como para ingerir las esporas del botulismo que pueden estar presentes, entre otros, en la miel.

“La miel puede contener las esporas del botulismo, pero no es el único medio por el cual el lactante puede llegar a contraer la enfermedad. En Mendoza, por nuestro clima seco, las esporas están por todos lados, entonces si el chupete cae al suelo, también puede contaminarse. Lo que sucede es que con la miel podemos prevenir a cero simplemente evitando su consumo”, explicó la nutricionista María del Carmen González de Rozen, del Notti.

La especialista aseguró que el hecho de que esa frase comience a aparecer en los recipientes “será un disparador para que la gente busque información” aunque advirtió de que “es difícil desterrar costumbres arraigadas en la comunidad, como endulzar el chupete para que el niño se acostumbre a usarlo” y recordó que “así como no les damos legumbres ni chocolate hasta los 2 años, tampoco miel”.


No fomentar la psicosis
Por su parte, Pablo Maessen, miembro de la Sociedad Argentina de Apicultores, se sorprendió por el período de tiempo sugerido en el rotulado. “La tendencia mundial es de dos años”, explicó. De todas maneras, aprobó la medida, aunque pidió “explicar bien por qué es, porque si no, parece que la miel es mala y no es así”.

El apicultor recordó: “Si bien es cierto que la miel puede contener esporas, también es cierto que su alto contenido de azúcar y su acidez eleva la presión osmótica impidiendo que la espora se desarrolle”.

Y agregó: “No hay que manejarse con supuestos. Las probabilidades de que una miel tenga botulismo son las mismas de que haya botulismo en la parte superior del dulce de membrillo, que a pesar de estar cocido, tiene una capa seca”.

Ante este panorama, Maessen pidió mesura y no fomentar “una especie de psicosis. La realidad es que los niños menores de un año no tienen el intestino preparado. Uno a los 9 meses le empieza a dar al bebé jugo de naranja para que su estómago se acostumbre al pH. No le daría a un bebé de un mes un trago de jugo porque le hace un agujero en el estómago. De la misma manera, no hay que darle miel a un chico menor de un año porque no está preparado. Pero de ninguna manera hay que asociar la miel con el botulismo”.

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