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Dos aportes históricos y políticos para pensar la minería hoy en la Argentina, además del cianuro…

18 febrero, 2012
A Famatina hay que pensarla.  Hernán Brienza.infonews.com 12/02/12. Famatina es una de esas palabras que tienen demasiada significación para la historia argentina. Desde el siglo XVII cuando fueron descubiertas las riquezas que escondía en su vientre se ha convertido en un cerro mitológico. Por ejemplo, en su imprescindible libro Facundo y la montonera, el actual secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y Rodolfo Ortega Peña demostraron lo cruciales que fueron los enfrentamientos políticos, comerciales y económicos entre el gobierno centralista de Martín Rodríguez y la defensa federal del riojano Facundo Quiroga.
Dos aportes históricos y políticos para pensar la minería hoy en la Argentina, además del cianuro...
Una mina desde el cielo abierto
(Sertox)
 En ese texto sus autores sugieren la tesis de que la guerra civil entre unitarios y federales estalló, justamente, por causa del choque de intereses entre un grupo nacional de protoempresarios –liderados por Facundo y Braulio Costa, entre otros– y la casa internacional de Baring Brothers, que sostenía a la Famatina Minning Company. Por aquellos años, la década del ’20 del siglo XIX, Bernardino Rivadavia fue, primero, hombre fuerte del gabinete de Rodríguez y, finalmente, bajo ciertas condiciones irregulares, presidente de la República. Fue el representante no oficial de los negocios británicos en estas tierras –basta recordar que fue quien inició el endeudamiento externo argentino– y abogaba por un progreso liberal apoyado en las inversiones extranjeras como única palanca de desarrollo. La publicidad inglesa aseguraba que en La Rioja llovía oro y se montó alrededor de la posibilidad de la mina un negocio fraudulento inmanejable. Por esa razón, Famatina está en el nudo de la historia argentina, y cuando alguien grita “el Famatina no se toca”, acierta en una consigna que conmueve desde la profundidad del pasado y apela a viejas disputas por la soberanía nacional.A esa carga histórica se le suman los errores políticos cometidos por la policía catamarqueña en los últimos días. Desgraciadamente, el kirchnerismo no ha podido todavía penetrar en la conciencia de las élites gobernantes de muchas provincias y se le ha dificultado imponer su máxima de que “la protesta social no se reprime con violencia”. Entonces, cada vez que se produce un acto de esta naturaleza por parte de alguno de los ejecutivos provinciales o incluso de operativos menores, los grupos “progresistas” o de “izquierda” se abusan de estos sucesos para incomodar al gobierno nacional y poner en supuestos aprietos a sus defensores corriéndolos por izquierda. Esa contradicción entre políticas publicas nacionales y provinciales, tarde o temprano, tiene que saldarse a favor de las decisiones tomadas en el 2003 por el ex presidente Néstor Kirchner. Incluso cuando hoy estemos en otro momento histórico y económico y ya las protestas no sean por la subsistencia sino por debates políticos. En la actualidad no se cortan rutas por supervivencia inmediata sino por la defensa del medio ambiente. No parece poca la diferencia.
La presidenta de la Nación Cristina Fernández convidó a la sociedad esta semana a tener un debate serio y responsable sobre la cuestión minera. Los argentinos nos debemos una fuerte discusión entre posturas antagónicas, pero abandonando prejuicios, falsas acusaciones, verdades a medias y estupideces conjuntas. Entre el conservacionismo reaccionario del magnate norteamericano Douglas Tompskin, el ecologismo berreta y marciano de muchos ambientalistas, la hipocresía bucanera de empresarios y políticos y la voracidad colonialista de las multinacionales debe haber un resquicio para pensar una política autónoma, responsable, sustentable humana y ambientalmente –si es que pueden separarse estos términos– y soberana.
El peronismo lleva en sus entrañas el germen de su propia discusión. Es industrialista y generador de empleos y, al mismo tiempo, Juan Domingo Perón fue el primer líder político en la Argentina en plantear con absoluta seriedad la problemática ambiental. En su discurso del año 1972, expresó: “Cada gobierno tiene la obligación de exigir a sus ciudadanos el cuidado de sus recursos naturales, y el cuidado del ambiente urbano está implícito en él… en otras palabras, necesitamos nuevos modelos de producción, consumo, organización y desarrollo tecnológico que, al mismo tiempo, den prioridad a la satisfacción de las necesidades esenciales de las personas, racionalizando el consumo de recursos naturales, y disminuyendo al mínimo posible, la contaminación ambiental”.
Interesantísimo. El propio Perón da una fórmula para analizar en cada caso qué es lo que hay que hacer: elabora la doctrina del menor daño posible. No se trata de ir desnudos por el mundo, constipados, para no influir el medio ambiente como parecen proponer algunos ecologistas narcisistas. La cuestión es ser conciente de que toda actividad humana daña el ecosistema y que por lo tanto hay que ser sumamente responsables a la hora de transformar el planeta que nos contiene. Y dice algo que vale la pena escuchar: hay que cambiar las pautas no sólo de producción si no de consumo… Es decir, vivir en Capital Federal con todo arreglado y “protestar por la bomba que cayó a mil kilómetros del refrigerador” es una hipocresía digna de la canción de Silvio Rodríguez.Yolanda Ortiz, la primera secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano en toda Latinoamérica, nombrada por Perón en 1973 explicó alguna vez que: “Hasta entonces también había una idea biológica en cuanto a la conservación, se consideraba al hombre en tanto ser biológico, no como un ser integral, por eso fue realmente interesante el planteo (de Perón) porque el ambiente humano debía lograr una calidad de vida para los hombres, primero estaban las necesidades básicas de los hombres. Dice en su discurso que el hombre debe ser un ser íntegro, en relación con la salud, el ambiente, la equidad, la Justicia Social, la dignidad humana, él siempre lo decía. Eso es ético, moral, lo que corresponde.”
Propongo abrir en serio un debate sobre la minería en nuestro país. Sin chicanas, sin cobardías, sin falsas imputaciones. Ni todos los ambientalistas son marcianos ni todos los defensores de la producción mineras son agentes de la Barrick Gold. E incluso sería interesante discutir la viabilidad de la minería a cielo abierto. ¿Puede realizarse con una metodología que no sea tan lesiva? ¿Por qué las grandes potencias del mundo: China, Australia, Estados Unidos, Rusia, Sudáfrica, Perú, Canadá, Brasil, Chile, tienen derecho a explotar sus montañas de oro con minería a cielo abierto y los argentinos no podemos? ¿Quiénes están en lo cierto: los estadounidenses, los rusos, los brasileños, por nombrar a tres de las seis principales potencias o nosotros?
El Noroeste argentino tiene ciertas dificultades para engarzarse en el capitalismo nacional e internacional. No tiene grandes extensiones de tierra para cultivar soja y por su posición geográfica alejada de los centros urbanos tampoco posee polos industriales que capturen mano de obra desocupada. Recién en la última década apostó al turismo como fuente genuina de recursos –Salta fue la provincia que picó en punta– y la mayoría de la población económicamente activa depende del Estado y del empleo público. Esa situación de dependencia política genera masas de trabajadores cautivos de los vaivenes de la política. En los últimos tres años, la provincia de La Rioja, por ejemplo, según números oficiales, ha visto nacer 2000 empresas pymes para abastecer a las mineras. Deben ser estimativamente cerca de 10 mil puestos de trabajo. No es una cifra despreciable. Y en el caso de Famatina, el acuerdo con Osisko, además, incluía una cláusula en la cual la empresa estatal EMSE debía quedarse con el 30% de lo producido, cuando, generalmente, las demás mineras aportan apenas el 3% de regalías. ¿Justifica esto destrozar el cerro de Famatina? No lo sé. Y es posible que no. Pero no me cabe duda de que hay que pensarlo sin histeria y con una mirada amplia. Y también como política pública a mediano y largo plazo. Obviamente, hay que abrir, además, el debate técnico. Porque no está claro cuánta agua se utiliza, cuánto cianuro, si contamina más que la ganadería o la soja, o cualquier industria porteña. ¿Es cierto por ejemplo que apenas el 8% del cianuro que se utiliza en el país lo usan las mineras y el resto otras industrias tan contaminantes pero a las que no percibimos? ¿O es falso? El periodismo ha discutido mucho sobre el tema de la minería, pero lo ha hecho con absoluto desconocimiento, en el mejor de los casos, o atravesados por operaciones políticas en la mayoría.
Desgraciadamente, vivir mata. Y el capitalismo moderno más. El desarrollo industrial tiene consecuencias fenomenales para el Medio Ambiente. Entre vivir de la caza y de la pesca y destruir el planeta hay una amplia cantidad de posibilidades. El desarrollo minero no puede analizarse desde posiciones dogmáticas. “El Famatina no se toca” es un buen eslogan. Pero habría que preguntarse antes: ¿Por qué no? ¿Cuántos puestos de trabajo cubre? ¿Qué tipo de tecnología usarán para la extracción del oro? ¿Qué tipo de controles podrá realizar el Estado? ¿Hay necesidad de reestructurar la legislación en la materia? ¿Es lo mismo la agresiva minería en provincias como Córdoba que tiene cientos de recursos que en La Rioja o Catamarca con menor sustentabilidad? Más allá de las suculentas untadas que puedan recibir políticos locales, si la minería aporta el 10 o 15% de la población económicamente activa del NOA ¿no merece un debate un poco más serio que andar gritando por las cámaras de TN? Demasiada carga histórica tiene Famatina –desde el conflicto entre Rivadavia y Quiroga– para que su futuro sea vociferado melodramáticamente por operadores de un arrocero que no tiene el menor cuidado por el medio ambiente en, por ejemplo, los Esteros del Ibera? No sé si Famatina terminará o no tocándose. Lo que sí es un imperativo es reflexionar sobre ella. A Famatina hay que pensarla.

Capitalismo británico y colonialismo en los orígenes de la minería argentina. Federico Bernal. .infonews.com. 12/02/12. Una cuestión de fondo y causa de todos los males mineros pasó desapercibida durante el reciente conflicto suscitado en Famatina, provincia de La Rioja. Y para comprender la causa de todos los males mineros, mejor aún, para comprender lo mucho que aún resta avanzar en tan imprescindible actividad –fuente crucial para la capitalización nacional y la industrialización– nada mejor que recurrir a la historia… real. Sin una minería nacional y popular (extensible a los hidrocarburos) no habrá bases sólidas y perdurables para la profundización del modelo vigente. El capital foráneo como actor fundamental y exclusivo del desarrollo minero en el país resulta tan anacrónico como el colonialismo en Malvinas, por cierto íntimamente emparentados. Pero, y a propósito de las denuncias que vinculan al capital británico que opera en el país con la exploración petrolera en las islas, preguntamos: ¿cuándo es que nace la vinculación entre colonialismo y minería? ¿Cuándo comienza la derrota de una minería nacional?
DE LA CONTRARREVOLUCIÓN DE 1811 A MARIQUITA SÁNCHEZ. Dos años después de derrotada la línea Moreno-Belgrano, el programa político y económico de la Revolución de Mayo fue remplazado por uno semicolonial e impuesto desde Londres. Atrás quedaron las propuestas del artículo sexto del Plan, artículo que proponía no sólo redistribuir la riqueza en manos de unos pocos, sino también nacionalizar los instrumentos que la generaban. Es que la fundación de la Patria no podía asentarse en la dependencia foránea. Pero el fracaso de los revolucionarios fue estrepitoso. La burguesía comercial porteña y los ganaderos bonaerenses, consolidados por décadas y faltos de rivales, contaron además con el más potente de los aliados. El año 1812 cerraba con el establecimiento de vínculos permanentes y sólidos entre las clases dominantes rioplatenses y el comercio inglés. La defensa de la libre navegación y de la libertad de comercio era garantizada por los barcos de igual nacionalidad. Los comerciantes extranjeros eran igualados en derechos con los criollos. La extracción y exportación de metálicos (a partir de 1811), gobernada por los comerciantes de su majestad, y destinada a cubrir el exceso de las importaciones sobre las exportaciones, generando una sangría que imposibilitaba el proceso interno de acumulación capitalista. Ese mismo año, el Triunvirato suprimía, a pedido del consignatario de un bergantín inglés, los derechos a las exportaciones de trigo y harina, “con el objeto de fomentar la agricultura del país”. Las carnes destinadas al mercado doméstico se las gravaba con altos impuestos, priorizando al consumidor extranjero sobre el abastecimiento local. En fin, la política económica y financiera, enajenada al interés foráneo. En paralelo, y como refiere el autor Octavio Battolla: “Ana Riglos, Melchora Sarratea y Mariquita Thompson […] eran las más queridas por la mayoría de los marinos ingleses. Pero nadie manejó nunca los negocios de Downing Street con mayor suceso y brillantez que Mariquita Sánchez.” El Foreign Office tenía sucursal propia en la espléndida mansión solariega de la calle Empedrado.
INVERSIONES EXTRANJERAS. En este marco, el 20 de abril de 1813 el ministro de Hacienda Manuel José García fundamentaba el proyecto de minería de la semicolonia con estas palabras, proyecto que por cierto casi una década más tarde llevaría a su máxima expresión el presidente Bernardino Rivadavia: “[…] para realizar estas esperanzas [minería] son necesarios grandes capitales en primer lugar, y en segundo, una protección cierta e ilimitada que proporcione a los emprendedores ganancias capaces de estimularlos a correr los riesgos que consigo traen estos trabajos. […] Demuélanse los estorbos que oponen constantemente las absurdas leyes prohibitivas, que regulan aún nuestra política, y entonces con las ricas e ilustradas compañías de emprendedores europeos volverán los capitales que han de romper las venas que ocultan sin fruto los tesoros. Los capitales del comercio europeo no sólo son necesarios para las anticipaciones cuantiosas de la explotación, sino más principalmente para los artículos indispensables al beneficio de los metales […] que necesitan las minas de América: el fierro, los instrumentos, y las máquinas de todas clases, los artistas y los directores científicos” (El Redactor de la Asamblea. 1813-1815). García, al decir de Puiggrós, planteaba en términos precisos nuestra dependencia de la técnica, de la industria y del comercio europeos.
LA FAMATINA MINING COMPANY. A partir de 1811, la política económica y financiera de las Provincias Unidas tuvo nombre y apellido, Bernardino Rivadavia. Pero fue recién cuando pasó a ejercer la presidencia, en 1826, cuando el proyecto minero de García se hizo realidad. Antes, un breve repaso. El 24 de noviembre de 1823, la provincia de Buenos Aires dicta un decreto con la firma de Rivadavia (secretario de gobierno) referente a la introducción de capitales y hombres procedentes de Europa para fomentar la minería. En sus considerandos expresa que sólo con dichas acciones se contribuirá eficazmente a “remover los inconvenientes que retardan el arribo del país al destino que le está designado, proporcionando un más pronto aumento de la población, del consumo y de productos, ventajas que multiplicarán los cambios y acelerarán la circulación de riqueza”. El decreto facultaba a Rivadavia a “promover la formación de una sociedad en Inglaterra, destinada a explotar las minas de oro y plata que existen en territorio de las Provincias Unidas”. Los agentes que designa el gobierno para la formación de compañías de minas en Europa son los Hullet Hermanos y Cía. En septiembre de 1824, Rivadavia viaja a Londres para fundar la empresa minera. Forman la Río de la Plata Mining Association, para explotar “todas las minas de las Provincias Unidas del Río de la Plata”. Rivadavia, presidente del directorio y el cerro Famatina, el primer destino de una minería colonialista y antinacional. Rivadavia “inspiraba confianza” a los inversores y accionistas ingleses, según el Times de la época. En paralelo, políticos y particulares riojanos adquieren del gobernador una concesión alrededor del promisorio cerro, que luego venden a una compañía británica propiedad de los Robertson Brothers. Nacía así la Famatina Mining Company, cuyo máximo apogeo recibirá durante la presidencia del fundador del mitrismo. El negociado terminará luego en bochorno.
DE FAMATINA A MALVINAS. Cierto era que la técnica extractiva y refinadora de minerales para el acuño de monedas en los años mozos de la Revolución eran importados. Y fue justamente por eso que el artículo 6º del Plan de Operaciones se proponía nacionalizar minas, expropiar y sustituir importaciones para los instrumentos y máquinas empleadas en el rubro minero. Fue justamente por eso y en línea con el referido artículo, que la Primera Junta decidió por decreto del 26 de octubre subvencionar la minería de Famatina. García–Moreno, Rivadavia–Moreno, Malvinas y petróleo, la misma disyuntiva minera histórica y presente pero con distinto nombre, tan irresuelta como fundamental al éxito del modelo vigente. No obstante y al igual que en tantas otras cuestiones, Malvinas nos recuerda además las verdaderas razones y objetivos del capitalismo británico. ¿Podrá ponerse fin al pillaje petrolero en las islas sin la recuperación efectiva de la propiedad pública de nuestros recursos naturales, su explotación estatal, su utilización como herramienta de desarrollo regional, de industrialización masiva y seguridad monetaria y financiera? El capital foráneo (estadounidense, canadiense, australiano y europeo), cómplice y aliado de la ocupación británica en Malvinas, no puede seguir rigiendo nuestra minería, nuestros hidrocarburos y combustibles.

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Las declaraciones de la Gobernadora de Catamarca, Lucía Corpacci, acerca de que no se utiliza cianuro en la explotación minera La Alumbrera profundizó el debate sobre el impacto ambiental. ¿No hay cianuro como se dijo todo este tiempo?
–Sí, en realidad, probablemente lo que ha generado confusión es que en el proyecto inicial de este yacimiento pensaba utilizarse cianuro. Posteriormente se cambió, se pasó a una técnica de flotación. O sea, que en el gran volumen, no se utiliza el cianuro de sodio como elemento para recuperar el oro. O sea, que ellos flotan el cobre y hunden por flotación el oro, que recuperan por técnica gravitacional. Es decir, que por mayor peso específico, se van separando partículas de oro. Lo que puede suceder, y eso verdaderamente no lo sabe nadie, solamente lo sabrán ellos, es si en la etapa final, en la etapa de limpieza, se utilizan pequeñas cantidades de cianuro, porque es necesario que el oro esté en estado totalmente puro para ser fundido y volcado sobre lingoteras. Pero bueno, eso siempre ha sido negado sistemáticamente por la empresa; y a esa parte de la planta del edificio, nadie ingresa, por lo que es muy difícil de verificar.
–¿Cuáles serían en este proceso los factores contaminantes que se estarían denunciando en Catamarca?
–Mire, por un lado la gran minería mueve volúmenes importantes por día, hablamos de 300.000 toneladas. Cuando Farallon Negro, una empresa minera muy pequeña que depende de Ymad (Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio), movía 240 toneladas en su mejor etapa, La Alumbrera está alrededor de 300.000. Así que, hablamos de volúmenes monstruosos. El gran problema de La Alumbrera que nadie o muy pocos dicen es la filtración que tiene el dique de cola donde se envían o se vuelcan desechos contaminantes.
El dique de cola es como una prensa hidráulica. Imagínense ustedes, que es donde se supone que lo primero que debe existir es una estanqueidad absoluta porque no se embalsa agua pura, sino que son soluciones contaminantes. Es un vaso que se vuelca. Para que ustedes tengan una breve reseña histórica, en el año ’97, más precisamente en julio, a ese dique se lo probó hidráulicamente con agua fresca, con agua pura. Y estuvieron presentes: gente de la empresa, el Estado provincial y algunos pobladores de la zona. Ese dique perdía por todos lados. Se filtraba… Era un colador. No obstante eso, se siguió con el mismo proyecto inicial, es decir, volcar todos esos residuos con la peligrosidad de su deposición final –porque ya nunca más se va a mover de allí– se siguió volcando sobre el dique.
–Eso que se filtraba, ¿adónde va y qué consecuencias tiene?
–Bueno, las filtraciones… yo noto que otro aspecto importante de esto es que se hizo el dique de cola en la cuenca alta de un río. Es decir, en la parte seca… en la parte seca en la superficie, pero en la profundidad tenemos aguas subterráneas. Entonces, las filtraciones se producen en el sustrato, en la base del dique… y en las paredes también, de manera tal que esas filtraciones se van hacia abajo, se unen con el agua subterránea y se conectan hidráulicamente con el resto del río. ¿Qué hizo la empresa en ese caso? Cuando vio que había filtraciones por todos lados y ya se estaba incorporado material de desecho sobre ese dique… se hizo un sistema de retro-bombeo, es decir, se hicieron perforaciones, digamos, del muro del dique hacia abajo, chuparon esas filtraciones y las enviaron nuevamente al dique. Hoy por hoy debe haber 15 perforaciones para hacer este retro-bombeo. Esto va a tener que seguir funcionando, por lo menos entre 18 y 20 años más después de que finalicen las obras de explotación de la mina.
–¿Con esas medidas de reparación o parches es suficiente como para evitar la contaminación o lo mismo queda contaminado ese río y la zona aledaña a la mina?
–No. Obviamente que ya las situaciones son muy profundas, o sea que es muy difícil hacer una captación absoluta y total de todas las filtraciones. Nosotros, cuando controlábamos y monitoreábamos el río, vimos que en el año ’99, o sea, dos años después, ya empezaron a haber cambios químicos en el río. Y estamos hablando de 2 km fuera del área de concesión minera. Eso fue denunciado por nosotros porque tenemos responsabilidad administrativa. Lo hicimos y el resultado de haber dicho: “Señores, acá hay problemas; ya es difícil volver atrás todo esto”, fue que directamente nos corrieran de las funciones. Pasaron a otra área a hacer los controles.
–Cuando dice: “Nosotros”, ¿a quiénes se refiere?
–Bueno, en realidad yo era el único responsable profesional de los que teníamos a cargo el monitoreo que se hacía simultáneamente con la empresa. Se fijaban puntos…
–Y usted, en ese caso, ¿contratado por quién?
–Yo trabajaba para la Secretaría de Ambiente de la provincia. Por el otro lado estaba la empresa minera. Se tomaban dos muestras conjuntas y una contra-muestra. Cada parte enviaba a su propio laboratorio y obviamente tenían el resultado.
–Usted, que descubrió cosas técnicas, que no eran favorables, por lo menos a la manera en que se llevaba a cabo la megaminería, a usted, ¿le dijeron: “Bueno, ingeniero Nievas, no lo necesitamos más… gracias por los servicios prestados” o aceptaron que usted pusiera los puntos sobre las íes y dijeron “que Nieva se quede aquí trabajando porque contrapesa lo que dice la empresa”?
–No, en absoluto. Los monitoreos se hacían cada tres meses. Al último monitoreo que fuimos, cuando llegamos a la empresa para hacer el monitoreo conjunto, no nos dejaron entrar. Directamente nos quedamos afuera, en el puesto número uno. La empresa dijo: “No; ya hay otra gente haciendo el control”. Y a nosotros ni siquiera nos habían avisado. Porque si nos decían: “No vayan”, directamente no íbamos, porque no íbamos a gastar comisión de servicio, insumos… tenemos una Land Rover con la que nos movíamos permanentemente. A la que ni nos dijeron…
–Es sorprendente esto que dice.
–Pero mire, lo más impresionante, ¿sabe lo que es? Que la empresa… y el Gobierno –porque ambos son responsables del impacto ambiental, porque ellos hicieron esto a sabiendas– sabían que eso iba a suceder.
–¿De qué año estamos hablando?, ¿quién estaba en el Gobierno? ¿Castillo?
–Del ’97. Sí, estaba Castillo. Y estoy hablando de julio, pero en octubre ya entró en producción de la mina. Es decir, había otras posibilidades. Se podía impermeabilizar. Excepto que en su momento costaba 800 millones de dólares impermeabilizar todo el dique… pero que de todos modos lo íbamos a pagar nosotros, puesto que según la ley 24.196 todos los insumos, los gastos producidos para ponerla en marcha, después se les reintegraba al momento de pago del Impuesto a las Ganancias. Es responsabilidad por parte de la empresa –y, obviamente, del Estado– controlar… un Estado que no tuvo capacidad de control.
–Para que se entienda: si un ser humano o un animal consume agua contaminada de ese dique ¿qué le pasa a los animales o los cultivos regados con esa agua?
–Mire, le voy a explicar porque no es tan complejo y es fácilmente entendible. El gran problema es la actividad antrópica, es decir, lo que hace el hombre en ese momento. Ese yacimiento tiene piritas de sulfuro de hierro. Tal vez ustedes hayan oído hablar del “oro de los tontos”, que es amarillento, tiene una cristalización cúbica. Bueno, ese mineral cuando se expone al aire más el agua de la lluvia, da como resultado ácido sulfúrico. Y como en la base del dique está filtrándose, está pinchado –recuerden que era un colador– todas esas soluciones enriquecidas de metales pesados se van directamente al río, porque se conectan hidráulicamente. Hoy por hoy, a esta fecha, y mientras la empresa esté ahí, va a haber un control de toda el área de concesión, porque ellos están agregando alrededor de 80 millones de litros por día y grandes toneladas de óxido de calcio. El problema va a ser cuando la empresa se vaya y no se agregue más el óxido de calcio, y no se agregue más el volumen impresionante de agua que utilizan, ahí van a empezar a bajar los niveles de pH hasta convertirse plenamente en ácido y ahí sí se van a empezar a movilizar todos los metales pesados.
–Usted decía que son 15 ó 18 años los que podría tardar el agua en este dique para poder normalizarse, ¿cuántos años le quedan a la minera para dejar la explotación? El día que se vayan las empresas, ¿quién va a pagar esto?
–Lo que va a pasar es lo siguiente: finalizada la última tonelada de mineral, al otro día se van. Porque son empresas off shore. Construyen sólo para generar un negocio y cuando se les acaba el negocio, inmediatamente desaparecen. Como la memoria alta de una computadora, usted la apaga y se desintegró todo. No va a tener una dirección de correo electrónico ni siquiera para insultarlos. No sé, no queda nada. Lo que sí, ellos prevén porque se lo pide la ley, tienen que fijar un monto para el cierre de operaciones. Ese valor está estimado en 50 millones de dólares. No alcanzar, obviamente, para nada. Como es una empresa que se ha constituido junto con Ymad una unión transitoria de la empresa, y más siendo una empresa del Estado, va a pasar todo a Ymad que va a hacerse cargo de todo… y como es una empresa del Estado, lo vamos a pagar entre todos… es una empresa que no puede quebrar.
–Ymad es una empresa en la que está incluida la Universidad de Tucumán, que va a monitorear y, sin embargo, hay muchísimas denuncias de que la Universidad de Tucumán, más que monitorear, está al servicio de los intereses de la empresa minera o del consorcio minero que debe hacer esa labor del fiscalización que usted hacía.
–Exactamente. Sinceramente, yo no me confío de ninguna universidad del país. Porque de alguna manera han crecido al amparo de las multinacionales. Estas empresas siempre dan algo. Yo soy de Catamarca, la tenemos cerca. Empiezan dando beneficios: una tiene una FM, en fin… micros, pasantías de estudiantes, viajes del personal de alto nivel de universidades; o sea, que están comprometidas. Lamentablemente, nuestras universidades… y la San Martín hizo público el compromiso que tenía con la empresa Alumbrera… que después despegó poco…
–¿La Universidad de San Martín de aquí, de la provincia de Buenos Aires?
–Efectivamente. Que después un poco se despegó, por lo menos ya no siento más que estén haciendo nada. Como que les ha pesado este tema y se tuvieron que abrir. Pero…
–Dada la experiencia acumulada de tantos años y una posición objetiva respecto de este tema, ¿usted fue consultado por el gobierno provincial o es consultado por autoridades nacionales sobre sus saberes respecto de la producción minera?
–El gobierno asumió hace poquito, el año pasado… hay un frente gobernando acá en Catamarca. Yo soy peronista, estoy afiliado al partido, tengo mi manera de pensar respecto de la minería, de qué manera se debe hacer para que sea menos impactante… hemos tenido reuniones técnicas después de que ganó este frente gobernante, he tenido una reunión a fondo y a solas con el esposo de la actual gobernadora pero, mire, pasó el tiempo y me di cuenta que la suerte de los catamarqueños ya está echada.
Lamentablemente, lo tengo que decir de esa manera, porque no hubo ni habrá ningún cambio respecto de esta política, cuando el catamarqueño había votado un cambio de la política en este aspecto. Es prácticamente la continuidad de lo que hizo el frente cívico, el anterior gobierno, y está en la continuidad de ese proceso. Es exactamente lo mismo. Así que, a mí nunca más me llamaron… es más, yo creo que como Alumbrera está asociada con este nuevo gobierno, Alumbrera dijo: “No, con este caballero no queremos saber nada de que esté”; obviamente, por las razones que ya he expuesto.
–En el caso de Alumbrera se puede creer que es una empresa de capitales argentinos y, sin embargo, a cualquiera que busque en google va a salir el nombre de una empresa británico-suiza o suizo-británica que es Xstrata.
–Exacto. Eso es así. Son los socios mayoritarios, tienen el 51 ó 52% del capital accionario… y después debe haber otras empresas, pero en definitiva todas son más de lo mismo. Cambian el nombre nada más. Pero, lamentablemente, es así… hoy tenemos un conflicto por Malvinas…
–Eso es lo curioso. Uno dice el subsuelo de la patria está explotado por una empresa que en definitiva, más allá que el conflicto es diplomático y que lo que pretenden las autoridades nacionales es recuperar la soberanía popular por vía pacífica, el esfuerzo por la soberanía Malvinas debería hacernos tomar conciencia de que necesitamos Malvinas por los recursos petroleros, por la historia, pero también necesitamos lo que está en las provincias y que desde el año ’94 tiene una normativa que favorece muchísimo a estas multinacionales.
–Exactamente. A veces parece extraño, pero bueno, así sucede. De Catamarca se llevan 600.000 toneladas de concentrado de cobre y tenemos que comprar 350 millones de dólares en cobre electrolítico para nuestra industria… es decir, son una serie de contradicciones que uno no las entiende… pero bueno, así está hecho este país. Y esperamos que de una vez se corrija ¿no?. Petróleo