Logo Sertox

Portal latinoamericano de toxicología

  • Español

Desde España, un artículo sobre sumisión química

3 febrero, 2015
Las violaciones más ocultas. Por Cristina G. Lucio. elmundo.es. 01/02/15. Como cualquier sábado, Carmen salió por la noche con sus compañeros de facultad. Bebió dos copas, como había hecho otras veces, pero de repente empezó a encontrarse mal, muy mareada y desorientada. Uno de los chicos del grupo se ofreció a llevarla a casa -"porque así no puedes irte tú sola"- y la metió en su coche. A partir de ahí, los recuerdos de esta estudiante de 20 años que no quiere dar su verdadero nombre se vuelven borrosos e intermitentes. Guarda una leve imagen del viaje, otra de una casa que no era la suya y una tercera en la que se ve "en una cama sintiendo una presión sobre el cuerpo que no podía evitar". Leer relacionado, España: estrenan un protocolo para evitar que casos de sumisión química queden sin castigo (2012) y  Sobre sumisión química III (2010)
Desde España, un artículo sobre sumisión química
La violación que cuesta recordar
Después, hay un agujero negro en su memoria.Ilustración de EL MUNDOIlustración de EL MUNDO"Me desperté en una cama que no conocía con ese chico al lado, mirándome. Le pregunté qué había pasado y me contestó: ‘¿Tú qué crees?’. Me sentí muy avergonzada porque yo tenía pareja en ese momento y ese chico no me gustaba nada. Así que cogí mis cosas, me vestí y me fui. Y decidí que no se lo iba a contar a nadie", recuerda.
Carmen sufrió una agresión sexual facilitada por drogas o fármacos; fue víctima de lo que se conoce como ‘sumisión química’, un término que engloba cualquier administración de sustancias psicoactivas con fines delictivos. La violación es el objetivo más común, aunque su empleo para robos y anulación de voluntad o sedación de niños y ancianos también es notable.
"El fin es incapacitar a la víctima, disminuir su resistencia y que quede bajo el control del agresor", explica Manuel López-Rivadulla, jefe del Servicio de Toxicología Forense de la Universidad de Santiago de Compostela y uno de los especialistas que más a fondo han estudiado el tema.
Cuando las víctimas recuperan la consciencia, no recuerdan bien lo que ha ocurrido ni cómo han llegado a esa situación, una circunstancia de la que se vale el agresor.  Aunque no existen datos epidemiológicos de su incidencia en España, López-Rivadulla estima que la situación en nuestro país es similar a la de otros países de nuestro entorno, como Francia, que ha cifrado en un 15% los casos de agresión sexual en los que interviene la ‘sumisión química’.
A menudo, estos delitos permanecen en la sombra principalmente por dos razones: las víctimas no denuncian o tardan en hacerlo y fallan los medios para demostrar el crimen.
Carmen pensó que "nadie iba a creer" su versión y decidió guardar silencio hasta que el malestar que sentía la obligó a contárselo a una de sus amigas, que la acompañó a pedir ayuda psicológica y también a la policía, un paso que no todas las víctimas dan.
"La mayoría opta por no denunciar. Se sienten culpables, creen que han hecho algo indebido y que la gente las va a juzgar. Incluso algunas piensan que no es un delito punible porque no responde al estereotipo que tienen de lo que es una violación", explica María Ángeles de la Cruz, psicóloga de la Asociación de Asistencia a Mujeres Violadas (CAVAS), quien recuerda que en la gran mayoría de los casos "el agresor es un conocido de la víctima". Si denuncian, añade la especialista, suele ser días o semanas más tarde de que se produjera la agresión.   
Y ese retraso complica tremendamente la persecución del delito "debido a la rápida eliminación en el organismo de las sustancias empleadas".
El alcohol, las benzodiacepinas y el gammahidroxibutirato (GHB; más conocido como ‘éxtasis líquido’), entre otras drogas de abuso, son los psicoactivos más utilizados porque provocan la amnesia  y sedación deseadas de una forma subrepticia (no tienen un olor u color que les delate) y con una acción rápida y corta. El GHB, por ejemplo, se vuelve indetectable en pocas horas para los análisis de sangre y orina convencionales.
Por eso, la sospecha por parte de los profesionales sanitarios que atiendan a una posible víctima es fundamental para la detección de las sustancias empleadas en casos de sumisión química.
Sin embargo, la realidad es que a menudo este delito "pasa desapercibido en el entorno sanitario", tal y como señala Cesáreo Fernández, miembro de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) y co-autor de una guía de actuación ante este tipo de casos que acaba de editar la Comisión Contra la Violencia delHospital Clínico San Carlos de Madrid.
"Existen una serie de indicios o indicadores de sospecha de que estamos ante un caso de posible sumisión química. El perfil habitual de la víctima suele ser un paciente joven, de sexo femenino que, al preguntarle qué ha pasado, verbaliza frases como ‘no sé lo que ha pasado’ o ‘creo que han echado algo en mi bebida’", aclara Fernández. "Es frecuente que en algún momento manifieste haber estado sola o con desconocidos. Cuando además refiere que se ha despertado en un lugar extraño, con lesiones inexplicables en su cuerpo, incluso desnuda o con ropa desarreglada, debemos sospechar agresión física y sexual", añade.
Lo más importante ante la sospecha es "actuar de forma protocolizada y afrontar cuestiones médico-legales, entre las que destaca realizar lo más rápido posible una toma de muestras biológicas para el análisis toxicológico", señala. Porque, aunque las sustancias empleadas tienen una vida corta, sí pueden detectarse a través de análisis de sangre, orina o incluso cabello. 
"El pelo es una matriz biológica que incorpora las sustancias química presentes en la sangre. Y pone en evidencia la presencia de un tóxico que ya no se detecta en sangre u orina", explica López-Rivadulla, quien recuerda que es clave que las muestras se analicen en un laboratorio de toxicología apropiado, ya que no todos tienen la capacidad para realizar este tipo de detecciones.
La guía de actuación que acaba de editar el Hospital Clínico de Madrid establece un protocolo para que la actuación ante un caso sospechoso sea lo más rápida posible y las muestras no se pierdan por culpa de la burocracia.
De cualquier forma, los especialistas coinciden en señalar que, por distintas razones, no todos los casos de sumisión química van a poder confirmarse con una analítica. Muchas víctimas admiten el consumo voluntario previo de algunas sustancia, como el alcohol, o están en tratamiento con benzodiacepinas, por lo que no siempre es fácil aislar la administración con fines ilícitos.
"Pero un resultado negativo en la analítica no excluye que el delito se haya cometido", señala López-Rivadulla, que lamenta que a veces en los juzgados "se vea cierto escepticismo ante un negativo en los análisis".
De la misma opinión es Mª Ángeles de la Cruz, que recuerda que, aunque el consumo de sustancias incapacitantes haya sido voluntario -sin administración subrepticia-, aprovecharse de la falta de consciencia de una persona para agredirla es un delito de la misma consideración.
"Hay que denunciar, pedir ayuda y saber que, si te esto te ocurre, no estás sola", reclama la psicóloga.
En su consulta, De la Cruz ha visto muchos casos de este tipo de agresiones. La mayoría de las chicas llegan tiempo después de la agresión, sintiéndose culpables y avergonzadas y con síntomas que se adscriben en el perfil del síndrome de estrés post traumático.
"En estas personas se rompe la seguridad en el mundo. Estaban en un entorno no amenazante, y una persona, casi siempre conocida, las ha agredido. Se sienten culpables porque ha habido un inicio de contacto voluntario con esa persona y les cuesta hablarlo con su entorno, porque creen que la gente las va a juzgar".
"Estas agresiones dejan secuelas, pero se pueden superar. Hay que pedir ayuda. Por uno mismo y por los demás, porque muchos de los agresores son reincidentes", concluye.