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Comentarios sobre el “peor desastre ambiental en Sonora”

25 agosto, 2014
Río Sonora, “punta del iceberg” de contaminación: Greenpeace. Por Alejandro Matty Ortega. dossierpolitico. com. 22/08/14. ¿Las afectaciones ambientales a corto y mediano plazo para 7 municipios cuestan sólo 40 millones de pesos?, definitivamente no, pero pareciera que México está de oferta para quien guste contaminar”, cuestiona el organismo pro ambientalista internacional con sede en México….Leer relacionado:  Denuncia penal a minera por derrame de 40 mil metros cúbicos de tóxicos en el estado de Sonora
Greenpeace México lanza una seria advertencia y asegura que México es “un paraíso” para contaminar; respecto al derrame en Sonora refiere que “el derrame en el Río Sonora es sólo la “punta del iceberg” de la contaminación tóxica de los ríos mexicanos”. ¿Las afectaciones ambientales a corto y mediano plazo para 7 municipios cuestan sólo 40 millones de pesos?, definitivamente no, pero pareciera que México está de oferta para quien guste contaminar”, cuestiona el organismo pro ambientalista internacional con sede en México. En el primer posicionamiento relacionado al derrame de tóxicos, expone que “el 6 de agosto ocurrió el peor desastre ambiental en Sonora, el derrame de 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre mezclados con ácido sulfúrico y altas concentraciones de metales pesados muy dañinos para la salud y los ecosistemas, provenientes de la mina Buenavista del Cobre, en Cananea, perteneciente al Grupo México; cuyo dueño es Germán Larrea, el tercer hombre más rico del país”. Describe que esta descarga de lixiviados mineros con arsénico, níquel, fierro, cobre, cadmio, manganeso y aluminio, ponen en riesgo a por lo menos 22 mil personas que habitan en 7 municipios aledaños a los ríos Sonora y Bacanuchi: San Felipe, Arizpe, Aconchi, Banamichi, Ures, Baviácora y Hermosillo.
“Entre los daños que pueden causar los altos niveles de metales en el agua son problemas en el sistema nervioso, daños hepáticos, pulmonares, renales, reproductivos y neurológicos, que pueden propiciar enfermedades como el Alzheimer, mal de Parkinson, saturnismo, hepatitis, cáncer, hemocromatosis o hasta la muerte, en el caso del arsénico”, advierte el organismo. 
Añade que los municipios afectados están recibiendo agua potable en botellas o pipas pues la principal fuente para sus actividades fue contaminada. “La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) anunció que Grupo México deberá pagar una multa de 40 millones de pesos y monitorear la calidad del agua en el Río Sonora cada quince días, en un periodo de cinco años, hasta garantizar que deje de ser peligrosa para la salud de los sonorenses”, precisa. 
“El derrame en el Río Sonora es solo la punta del iceberg de la contaminación tóxica de los ríos mexicanos. De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, el 70% de los ríos nacionales presentan algún grado de contaminación, pero poco o nada se está haciendo para revertirlo y mucho menos para prevenir”, apunta Greenpeace.
Precisa a demás que la laxitud de leyes permite a las empresas seguir contaminando pues en teoría se les exige un “pago” o la “reparación del daño” en la zona donde ocurrió el desastre, pero sin tomar en cuenta las externalidades.
Por ejemplo, el derrame en el río Sonora no sólo afecta a las comunidades aledañas al afluente sino también vulnera derechos de otras, como la tribu Yaqui que por años han luchado para evitar que se les restrinja el acceso al agua para actividades agrícolas, a cambio de que el líquido llegue a la zona urbana de Hermosillo a través del Acueducto Independencia, cuyo funcionamiento fue suspendido por la Suprema Corte de Justicia. 
“Ahora, este mandato judicial podría desobedecerse ya que el río Sonora – que llevaba agua a la ciudad de Hermosillo desde la presa El Molinito, de la cual se extraían 8 millones de metros cúbicos- está contaminado”, señala.
Tan sólo unos días después del vertido tóxico en Sonora, una mina de la empresa Proyecto Magistral provocó otro derrame en el municipio El Oro en Durango contaminando 2 mil metros cúbicos de agua con cianuro; el cual es potencialmente letal. Aunque Profepa acudió a tomar medidas de contención aún no se han dado a conocer las sanciones. El mensaje que el gobierno está dando es que México sigue siendo un “paraíso” para contaminar. 
“Greenpeace se une a las exigencias de las comunidades afectadas en Sonora y demandamos que se cumpla a cabalidad el compromiso de la empresa Grupo México y el gobierno para una verdadera remediación que incluya: Reconocimiento total por parte de la empresa sobre las afectaciones socio-ambientales de este derrame a los siete municipios aledaños a la zona del vertido. Saneamiento completo de la Cuenca con el fin de que el agua del río y los pozos pueda volver a ser usada para riego y consumo humano, así como para el equilibrio ecológico. Reparación de los daños ambientales, de salud y socioeconómicos ocasionados por esta fuga de contaminantes; aun si algunas consecuencias aparecieran años después, como puede ser el caso de la salud. Transparencia y acceso público sobre la información derivada de los muestreos y de las medidas acordadas y acciones de la empresa y el gobierno. Un plan de contingencia ambiental y de salud para posibles afectaciones a mediano y largo plazo. El cierre inmediato y permanente de la planta minera Buenavista. Inspecciones al resto de instalaciones de Grupo México, a fin de evitar futuros accidentes en otras regiones del país. La minería es una de las industrias más contaminantes, pero no la única. No debemos perder de vista que las recientes reformas “estructurales” en México han abierto la puerta para consolidar un modelo extractivo de recursos naturales, en el que queda lejos la justicia ambiental para las comunidades y los ecosistemas, pues se priorizan las ganancias económicas sobre los derechos humanos. 
La reciente Reforma Energética es un ejemplo de ello, ya que permite, entre otras cosas, la utilización del fracking (fractura hidráulica) para la extracción de gas shale.  Podemos suponer por estricta lógica económica que las preguntas de algunos inversores serían: ¿Qué pasará cuando sus pozos contaminen los mantos freáticos? ¿Qué harán si falla la recolección, transporte o almacenamiento de agua o sólidos residuales radiactivos? ¿Qué acciones se harán si se afecta la salud de miles de personas? ¿Qué medidas se tomarán si se atenta contra el Derecho Humano de los mexicanos al agua y a un medio ambiente sano? Ahora sabemos la respuesta: NADA.
En Greenpeace defendemos la precaución como el único modo de evitar accidentes tan lamentables como este reciente derrame en Sonora. Tener leyes con enfoque precautorio como la propuesta elaborada por la ciudadanía Agua Para Todos Agua Para La Vida, evitaría que la voz de las poblaciones afectadas siga siendo ignorada.