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Comentarios sobre el peligroso escape de gas metano en Porter Ranch, California

24 enero, 2016
¿Por qué es peligrosa la fuga de metano de California?.Por Antonio Ruiz de Elvira. elmundo.es. 24/01/16. Las leyes de la física, es decir, de la naturaleza (pues eso es lo que quiere decir "física") a pesar de las simplificaciones de los libros de texto de la mecánica clásica y cuántica, son no lineales, y las causas de cualquier efecto son múltiples. La mezcla de no linealidad, que amplifica los efectos de las causas, y la multitud de éstas lleva a sistemas aleatorios.La ingeniería es el esfuerzo humano consciente para reducir la no linealidad de la naturaleza y tratar de vivir en un mundo predecible. Sin embargo la ingeniería muchas veces ignora a la naturaleza.Leer relacionado: Alarma por escape de unas 80.000 toneladas métricas de gas metano en Porter Ranch, California
Comentarios sobre el peligroso escape de gas metano en Porter Ranch, California
Escape de metano en California visto con una cámara de infrarojos. / REUTERSHace unos días, El Mundo daba la noticia de una fuga de metano, es decir, del mismo gas natural que tenemos en nuestras casas, de un pozo de extracción al norte de Los Ángeles, en California. El gas metano no es tóxico aunque es muy mal oliente, y sobre todo es un gas que calienta la Tierra con una potencia 80 veces superior a la del CO2. Aunque la fuga se detectó en octubre, estamos en enero y la ingeniería no ha sido capaz de controlarla.

Las lluvias torrenciales en Missouri, en Estados Unidos, han causado inundaciones costosísimas en diciembre de 2015, imposibles de contener por la ingeniería civil americana, como tampoco la ingeniería civil inglesa ha sido capaz, en 2015, de impedir las inundaciones en el norte de Inglaterra.

El Ártico ha perdido, en los últimos 30 años, un 30% de su volumen de hielo, y este año pasado de 2015 ha sido el de más temperatura media global desde que tenemos registros históricos, aunque, por deferencia a los escépticos del Cambio Climático, ha habido etapas en la Tierra, hace millones de años, bastante más calientes que la actual. Somos incapaces de controlar esa pérdida de hielo y la subida global de la temperatura de la atmósfera.

Queremos colonizar Marte, y no sabemos como colonizar nuestro propio planeta. El parque móvil de coches y camiones depende del caucho para las ruedas, una substancia que produce una especie muy concreta de árboles tropicales. Se originaron en América, en la Amazonía, pero allí casi no quedan por haber enfermado de una enfermedad que, en 2016, los humanos no sabemos curar. Si esa enfermedad se propaga a Asia, nos quedamos sin ruedas de caucho natural.

Hace 130 años había una anomalía en las medidas de los espectros de emisión y absorción de radiación electromagnética por los gases, o la absorción de esa radiación dentro de un cubo con paredes ennegrecidas en su interior, dotado de un pequeño agujero por donde podía entrar la radiación: un "cuerpo negro”.  La solución a la anomalía era el cambio de las ecuaciones y paradigmas de la física clásica, no el descubrimiento de alguna forma nueva de materia.  

La anomalía se resolvió con la teoría atómica de Boltzmann y la hipótesis cuántica de Planck. Boltzmann se suicidó por haber vivido 20 años de rechazo a sus ideas por la comunidad científica.

Hoy hay anomalías sobre la posible masa del Universo. Se buscan partículas extrañas, soluciones ad  hoc, pero nadie quiere revisar las ecuaciones tradicionales de la física cuántica, el modelo estándar y la noción de supersimetría. 

El ser humano ha sobrevivido (casi, pues descendemos todos de solo un puñado de parejas de Homo sapiens) en un mundo peligroso, y ha llegado a dominar la Tierra y está empezando a destruirla.

Algunos sabemos que debemos vivir en un equilibrio dinámico con nuestros compañeros vivos del planeta. Su eliminación nos trae más problemas que su conservación. Sabemos que no debemos cambiar el clima, que debemos conservar las especies y que no debemos jugar en cantidades masivas con la química, ni con las reacciones nucleares.

Sin embargo la gran mayoría de la población, tanto en el supuestamente más avanzado país del mundo, EEUU, como en otras muchas regiones (una cierta mayoría en Europa y en España), piensa aún en esquemas de obediencia a órdenes de seres misteriosos, o los mejor educados, en esquemas lineales de control.

Las reacciones ante los peligros son las de los niños: "Ya cuidará papá de nosotros". O las de gentes confundidas por los inmensos logros de la ingeniería que piensan aún que podemos y debemos controlar la naturaleza.

La solución a todos estos problemas pasa, como la solución a cualquier otro problema, por entender la realidad y actuar de acuerdo con ella.

No pasa nunca por querer forzar la realidad a seguir nuestras ilusiones, caprichos y seguridades.

Mis alumnos se examinan siempre con ejercicios de problemas en los cuales tienen que buscar la realidad frente a lo que traen mal aprendido de los colegios, desechando los dogmas en que han sido formados hasta los 18 años.

Les cuesta unos 4 meses, pero en cuanto superan la etapa dogmática, pueden avanzar a pasos de gigante, no sólo en mis asignaturas, sino en todas las demás.

Para avanzar en este mundo moderno que hemos llenado de  humanos necesitamos soluciones novedosas. Es evidente para todo el que quiera andar por la calle con ojos y oídos bien abiertos que las acciones antiguas no son soluciones a los problemas modernos. Leía el viernes que la bajada del precio del petróleo no ha servido de estímulo a la economía, no  funciona como dicen los textos, de la misma manera que las teorías de la física moderna no nos dan soluciones a, por ejemplo, los problemas actuales de la astrofísica y de otras partes de la ciencia.

Un pequeño ejemplo: La teoría económica no entiende aún la naturaleza no lineal del sistema social, de forma que tras cada "revolución" se vuelve a producir la amortización de la riqueza, como en las Inglaterra y Alemania medievales, que precisaron de la revolución protestante para desamortizar la riqueza improductiva de la Iglesia, algo que tuvo que esperar en Francia hasta 1789 y en España hasta Mendizábal. Hoy todos los medios de comunicación señalan cada poco tiempo que una parte minúscula de la sociedad es dueña de una inmensa parte de la riqueza social y que esa riqueza no produce rendimientos salvo el lujo para la centena o millar de propietarios. Esto es exactamente lo que pasaba en la Inglaterra de Enrique VIII y en la Francia de Luis XVI con los bienes de la Iglesia.

Para controlar escapes como el de gas natural de California, los desastres de los embalses tóxicos de las minas, inundaciones, incendios, pestes (la malaria parece que resucita) necesitamos un nuevo esquema mental, un esquema que eleve a la máxima categoría mental el principio de precaución, y que rechace de plano las dos ideas, evidentemente falsas,  de "papá me cuida" y "como las cosas son lineales, lo tenemos todo controlado".

El principio de precaución asume que todo puede fallar. Desde un viaje a pie, a un viaje en coche, en avión, hasta los canales de desagüe de los ríos, las olas sobre las costas, los embalses de las minas, los pozos de perforación, los almacenes de gas y los reactores nucleares. Hasta los esquemas económicos, sociales tribales y dogmáticos.

Si lo que reina es el principio de precaución, debemos eliminar la hibris, la desmesura, el creernos que lo sabemos todo. La crisis económica española, como la del resto de los países, se debe esencialmente a las "garantías de los bancos de que  ‘está todo controlado’ ", como los accidentes nucleares y la sucesión de guerras en nuestro entorno.

Si asumimos una dosis de humildad, y ante cualquier acción, por ejemplo, sacar gas de un pozo, asumimos que las tuberías se pueden romper, ante la loca inversión en ladrillo asumimos que las casas se depreciarán más pronto que tarde, y así con todo, podremos llevar la vida que nos corresponde en este siglo XXI y los que sigan.

Si mantenemos la hibris, el orgullo y la soberbia, caeremos una y otra vez en las mismas trampas en las que venimos cayendo desde hace 6.000 (y probablemente más) años.

Al final, necesitamos volver a la Atenas del siglo V antes de la Era Común, y decir siempre, constantemente, con Sócrates: "Sólo sé, que no sé nada".

El Porqué de las Cosas es un proyecto divulgativo impulsado con la colaboración de Obra Social ‘la Caixa’.  

Si quiere realizar cualquier consulta que tenga que ver con el conocimiento, envíe su pregunta a: [email protected]

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