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Advierten sobre intoxicación con plomo en niños de Cartagena, Colombia

15 octubre, 2011
Crecen efectos nocivos del plomo de la minería en los niños. Tercera entrega de serie ‘Efectos de la minería en el Caribe colombiano’.  eltiempo.com. 14/10/11. ¿Qué tienen en común los niños de las guarderías y colegios que están al lado de fundidoras metalúrgicas, o los corpulentos trabajadores de rudimentarios talleres metalmecánicos en los patios de las casas, o las mujeres embarazadas que tejen atarrayas para los pescadores? Que todos ellos, quizás sin saberlo, están expuestos a sufrir las consecuencias funestas de un metal muy tóxico y peligroso para la salud, pero que en el caso colombiano es un tema de poco interés para autoridades y comunidad en general: el plomo. Ver noticia previa relacionada: Peces con elevados niveles de mercurio en Cartagena, Colombia
Advierten sobre intoxicación con plomo en niños de Cartagena, Colombia
Maracas en Cartagena
(Sertox)
Aunque en el país hace algunos años fue bastante sonado el caso de los juguetes que fueron retirados del mercado por el exceso de plomo en su pintura, al parecer aún no hay conciencia suficiente para entender que este metal pesado se está convirtiendo en un enemigo silencioso y certero, sobre todo para los niños.

En la costa Caribe la situación no es diferente. Un estudio realizado Grupo de Química Ambiental y Computacional de la Universidad de Cartagena, liderado por el profesor Jesús Olivero Verbel, Ph.D, revela cómo en Cartagena y otras ciudades está afectando la manipulación del plomo en la comunidad infantil.

El profesor Olivero y su grupo han logrado establecer que muchos niños en Cartagena y otras ciudades del Caribe poseen niveles altos de plomo en sangre y que este hecho está afectando su intelecto.

De hecho, de acuerdo a la investigación, sólo en Cartagena se detectaron 21 fundidoras de metal, y ninguna de ellas cumple con los mínimos requisitos exigidos para su manipulación. Algunos funcionan al lado de guarderías infantiles y colegios, otras están en los patios de las casas y sus operarios trabajan sin ninguna clase de protección.

También el plomo es bastante usado en Cartagena para elaborar redes de pesca, y durante el trabajo de campo, los investigadores detectaron que las esposas de los pescadores, desconociendo el riesgo, ayudan a sus maridos a retirar las pesas defectuosas y a reemplazarlas por nuevas. "Algunas estaban embarazadas ponían el metal entre sus piernas", relata Olivero.

El peligro es que en estas fundidoras de metales los niños están expuestos en forma de partículas ultra finas en el aire y en el suelo y, por consiguiente, aumenta el riesgo de contaminación. Estudios recientes establecen que en niños, un incremento de la concentración de plomo en 1,2 microgramos por decilitro, podría decrecer el coeficiente intelectual en un punto. Por eso, es común pensar que su hijo no quiere estudiar, que es desaplicado. Puede estar equivocado. Podría estar intoxicado.

Para que se tenga una idea de lo que está sucediendo, en 1991 el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos estableció que niveles elevados de plomo, es decir, aquellos asociados con la aparición de toxicidad, correspondían a concentraciones sanguíneas de 10 microgramos de plomo por decilitro, y un estudio que publicó la Unicartagena señala que el 7,4 por ciento de una muestra de 189 niños de los estratos 1, 2 y 3 de Cartagena está en esta situación.

En este reporte también se demuestra que entre menor sea la edad o estatura, mayor la concentración de plomo en sangre en estos niños.

En comparación con los adultos, los niños pueden absorber más plomo por el tracto gastrointestinal, y una mayor proporción del metal presente en la sangre puede alcanzar el cerebro de los niños, en particular aquellos menores de cinco años.

Así mismo, el sistema nervioso central sigue desarrollándose hasta un poco después de los 15 años, y en este proceso es más susceptible a los efectos del metal que el cerebro maduro.

Sin programa preventivo sobre plomo en Cartagena

En Colombia, de igual modo, el tema es relativamente nuevo, al parecer de poco interés para las autoridades, y escasos son los estudios realizados.

Un ejemplo de todo esto se puede observar en Cartagena, donde ni las autoridades de salud ni las ambientales tienen previstos programas de prevención para enfrentar este problema.

EL TIEMPO consultó a funcionarios del Departamento Administrativo de Salud (Dadis), y en esta dependencia dijeron que no había ningún estudio.

Así mismo, en una encuesta realizada en casi todas las fundidoras de metales de Cartagena, los dueños manifestaron que en ningún momento funcionarios de Cardique o EPA los habían visitado.

"Esto es lamentable porque estas personas no reciben asesoría que con seguridad permitirá disminuir los niveles de contaminación. Muchos problemas ambientales en este país serían resueltos si la gente aprende de las cosas, si reciben capacitación o educación ambiental, pero esto es precario", anotó Olivero.

Según el investigador, los reportes de plomo en niños colombianos pueden ser contados con los dedos, y la necesidad de realizar monitoreos en los colegios, campañas de educación ambiental, intervenciones y seguimientos a los niños con niveles elevados del metal no ofrece espera.

"A pesar de estar prohibido por nuestra legislación, el gobierno pasado realizó cambios en la misma que permitieron la entrada al país de baterías usadas para reciclaje del plomo, en otras palabras, permitimos la entrada de basura tóxica. Algo similar sucede con la gasolina venezolana", explicó.

U. prepara proyecto de ley para proteger a los niños

La responsabilidad no recae solamente sobre los entes ambientales: a la educativa le corresponde su cuota.

La investigación revela que en Cartagena cerca del 90 por ciento de los niños de estratos 1, 2 y 3 a los que se les hizo evaluaciones de coeficiente intelectual presentaron resultados bajos. Ante esto, la Unicartagena está preparando un proyecto de ley para que todas las entidades prestadoras de salud involucren el análisis de plomo en sangre a niños al cumplir un año de vida, a los dos años y al entrar al colegio, como mínimo.