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 Recomendamos: El lema de la Semana Internacional de Concientización sobre la Sal: 'Menos sal, por favor'

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Sal de mi vida (Foto: Sertox )

Tanta sal deja sabor amargo. Por Pedro Lipcovich. pagina12. 12/03/13.En la Semana de Concientización sobre la Sal, un estudio revela que muchos consumidores no saben que el sodio está presente en alimentos procesados. Acuerdos del Ministerio de Salud con empresas para reducir su inclusión.“Menos sal, por favor”, es el lema de la Semana Internacional de Concientización sobre la Sal, que empezó ayer. La cantidad de sal que se consume en la Argentina es más del doble de la recomendada por la OMS, y, por ejemplo, “muchos no entienden que el sodio está presente en alimentos que, como las galletitas dulces, no parecen salados”, o “muchos no saben que el exceso de sal es dañino, aunque uno no sea hipertenso”, según investigadores

. De todos modos, la conciencia individual no es suficiente, ya que –advirtió la Fundación Interamericana del Corazón– “hasta el 70 por ciento de la sal que consumimos puede estar oculta en los alimentos procesados”. El Ministerio de Salud tiene en marcha acuerdos con grandes empresas de la alimentación para reducir la proporción de sal en los productos. Y una deuda pendiente en la Argentina, y en todo el Mercosur, es el etiquetado, que “no resulta claro para los consumidores”. De todos modos, a falta de sal, buenos son “la pimienta, el ají picante, el ajo, el jengibre, el limón y las especias”.

Una reducción de entre el 5 y el 25 por ciento en el contenido de sal en los alimentos permitiría, en diez años, ganar hasta 656.657 años de vida saludables para la población argentina, y un ahorro de 3765 millones de dólares, según el estudio “Relación costo/utilidad de la disminución del consumo de sal”, publicado en la Revista Pana-mericana de Salud Pública: “Se obtendrían reducciones del 24,1 por ciento en la incidencia de enfermedad coronaria y del 6,4 por ciento en la mortalidad general. Se observaron beneficios para todos los grupos de edad”.

Raúl Mejía, investigador del Cedes, intervino en ese estudio y también –junto con Lorena Peña– en el trabajo “Conocimientos, percepciones y comportamientos relacionados con el consumo de sal”, publicado en la misma revista: “La mayoría de los entrevistados no entendía que el sodio está en muchos alimentos aunque no tengan gusto salado. Y las personas que reconocían al sodio como dañino para la salud eran sólo las que, ellas o sus familiares, padecían enfermedades cardiovasculares”. Otro problema es el etiquetado: “Las etiquetas de los alimentos envasados son muy difíciles de leer, la gente no las entiende”.

Lorena Allemandi, de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC), destacó que “internacionalmente se recomienda una política integral de reducción de sal, con varios pilares: campañas de concientización para la población; etiquetado y rotulado claro; regulación del contenido de sodio en los alimentos procesados y, también, restricción de la publicidad de alimentos no saludables dirigida a los niños”. Y ejemplificó: “En el Reino Unido, los envases incluyen la figura de un semáforo, que indica si el alimento es saludable, si está en el límite o si es perjudicial”.

El Ministerio de Salud de la Nación formalizó acuerdos con 34 grandes fabricantes de alimentos envasados –panes, galletitas, fiambres, conservas y otros– para que bajen el contenido de sal. Sebastián Laspiur –director de Promoción de la Salud– señaló que “se trata de una reducción paulatina, que el consumidor no llega a advertir”, y observó que “las empresas firmantes llegan a abarcar el 80 o 90 por ciento del mercado”. También hay panaderías que elaboran pan con menos sal: se distinguen por el afiche “-SAL+VIDA”. En cuanto al etiquetado, Laspiur contestó que “se utilizan las normas del Mercosur, que a su vez están replanteándose”.

Otra acción indicada son las reglamentaciones para los restaurantes. Las provincias de Buenos Aires y Río Negro aprobaron leyes –aunque parciales–, y hay ordenanzas al respecto en 13 municipios del país. Las recomendaciones son: eliminación de saleros de la mesa; oferta de sal sin sodio o reducida en sodio; incorporación en los menúes de leyendas como “El exceso de consumo de sal es perjudicial”. Laspiur advirtió que el consumo de sal “también es dañino para quienes tienen presión normal, ya que puede afectar las arterias y aumenta el riesgo de hipertensión”. El consumo promedio de sal en la Argentina llega a 11,2 gramos por día (12,7 en hombres y 9,8 en mujeres), y la OMS recomienda que no supere los 5 gramos.

La entidad WASH –que organiza la Semana Internacional de Concientización– precisó que “los alimentos más saludables no tienen más de 1,2 gramo de sodio por cada cien gramos de producto; medianamente saludables, hasta 0,6 gramo de sodio por cien de producto; por encima de ese límite, se considera alta cantidad de sal”. La entidad sugiere utilizar pimienta, ají picante, ajo, jengibre, limón, especias y hierbas aromáticas, y reducir el uso de condimentos como el ketchup, la mostaza y las salsas preparadas. Después de unas cuatro semanas de comer con menos sal, el gusto se habitúa e incluso rechaza los alimentos más salados.

Leer también en tiempo.infonews.com del 12/03/13: 
Sólo tres de cada 10 argentinos se preocupan por consumir menos sal. (Datos de un estudio piloto realizado por el Ministerio de Salud de la Nación entre más de 1400 personas).Sin embargo, más del 65% de la población cree que es importante bajar la ingesta de ese condimento. Un 28% dice que siempre o casi siempre lo agrega a las comidas, y el 68% lo hace durante la cocción, algo que los expertos desaconsejan.Más del 65% de la población cree que es importante reducir la cantidad de sal, pero apenas el 31,4% busca bajar el consumo de ese ingrediente. Así lo reveló un estudio piloto realizado por el Ministerio de Salud de la Nación en la provincia de La Pampa, y que fue presentado ayer, en el inicio de la Semana Mundial de la Concientización sobre la Sal. Se trata del primer estudio efectuado en el país para conocer qué piensa la gente acerca de la ingesta de sal y cuál es su comportamiento al respecto. Los especialistas aconsejan usar otros condimentos durante la cocción.
El trabajo fue presentado por Marina Kosacoff, subsecretaria de Prevención y Control de Riesgos de la cartera sanitaria, quien analizó el resultado: "Nos habla de la percepción de la gente, lo cual es muy importante porque puede ayudarnos a diseñar nuevas líneas de trabajo y alcanzar un mayor impacto sanitario". La funcionaria subrayó la necesidad de un abordaje "multisectorial" para reducir el consumo de sal en la población.
El estudio, que busca incidir sobre uno de los principales factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular, se realizó con 1451 personas. El 28,2% dijo que siempre o casi siempre le agrega sal a la comida en la mesa, y el 68,4% dijo que lo hace durante la cocción, mientras que el 14,9% cree que consume mucha sal.
Sebastián Laspiur, director de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles del ministerio, explicó: "Es muy importante no agregar sal mientras se cocina y lo recomendable es usar otros condimentos ya que, si se agrega sal durante la preparación, es mucho mayor la cantidad que hay que ponerle a una comida para sentir el sabor". Por ese motivo, Laspiur remarcó que "los beneficios de la disminución del consumo de sal no es sólo para los hipertensos, sino para toda la población, de todas las edades", y aconsejó: "Es una cuestión cultural que hay que cambiar: probar la comida una vez que está preparada y, en caso de considerarlo necesario, agregar la mínima cantidad posible de sal".
Según el director de Promoción de la Salud, "cuando se reduce el consumo de sal, no se sacrifica el gusto; es algo que de ninguna manera afecta al paladar". Si los habitantes redujeran en apenas tres gramos su consumo diario de sal, "se evitarían unas 6000 muertes al año por causa de enfermedades cardiovasculares", agregó Laspiur.
Las muestras para el estudio fueron tomadas en las ciudades de Santa Rosa, General Acha y General Pico. Entre los hipertensos, el 74,2% consideró importante reducir el consumo de sal, pero entre quienes no lo son, la cifra se redujo al 60,5 por ciento. Sólo uno de cada cuatro consultados sin hipertensión arterial dijo hacer algo para controlar el consumo de sal, pero entre los hipertensos, la relación es casi de uno de cada dos.
Durante la presentación del trabajo, también se expusieron los resultados de la investigación titulada "Relación costo-utilidad de la disminución del consumo de sal y su efecto en la incidencia de enfermedades cardiovasculares en Argentina", realizada por expertos del mismo ministerio. Ese trabajo consistió en un análisis de utilidad en función del costo, en términos del incremento en años de vida ajustados por la calidad (AVAC) que se produciría para el año 2020, como efecto de la reducción de tres gramos de sal por día en la dieta de personas mayores de 35 años. Allí se determinó que esta intervención generaría un ahorro neto de 3765 millones de dólares y una ganancia de 656.657 años de vida. Además, se obtendrían reducciones en la incidencia de enfermedad coronaria (24,1%), infarto agudo de miocardio (21,6%), accidente cerebrovascular (20,5%), en la mortalidad por enfermedad coronaria (19,9%) y por todas las causas (6,4%). 

Leer relacionado: Sal, no te escondas. consumer.es. 01/03/13. De todos los alimentos salados identificados, son cuatro los alimentos de consumo cotidiano que suman el 72% de la contribución de sal a la dieta. Cinco gramos de sal al día. Ni más ni menos. Esta es la cantidad que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda consumir. Aquí se incluye tanto la sal del salero como la que contienen los distintos alimentos, bien por naturaleza o por su procesado. Sin embargo, el consumo medio de sal de la población española asciende a 9,7 gramos por persona al día, el doble de la cantidad recomendada. En concreto, el 80% de los españoles consume más sal de la recomendada.

La ingesta de sal es el factor más importante en el desarrollo y aparición de la hipertensión arterial y, por consiguiente, de las enfermedades cardiovasculares: el 45% de los infartos de miocardio y el 50% de los infartos cerebrales (ictus) están relacionados con la hipertensión arterial. Además, una dieta alta en sal tiene otros efectos nocivos directos: aumenta el riesgo de hipertrofia ventricular izquierda (riesgo cardiovascular) y de enfermedad renal, y altera el funcionamiento del hígado y la salud de los huesos.

Los más salados
En España, un estudio promovido por la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) ha identificado los alimentos de consumo cotidiano que más sodio aportan a la dieta diaria. Del 100% del sodio ingerido, el 72% procede de los alimentos procesados; el 20% corresponde a la sal añadida; y tan solo el 8% del sodio procede de los alimentos naturales, no procesados.

De todos los alimentos salados identificados, son cuatro los alimentos de consumo cotidiano que suman el 72% de la contribución de sal a la dieta.

  • Embutido. El jamón es el derivado cárnico curado que más sal proporciona a la dieta, seguido del chorizo, el salchichón y el fuet. Entre los embutidos cocidos, sobresalen el jamón, el pavo cocido y las salchichas. Una alternativa sería dejar el jamón en remojo horas antes de su cocinado en diversas recetas y tirar el agua de remojo, de forma que se diluya parte de la sal que contiene.
  • jamones y embutidos
  • Pan. El pan blanco, seguido del de molde blanco y el tostado, son los alimentos más problemáticos de este grupo. No obstante, a través del acuerdo entre la AESAN y el sector de la panadería, en cuatro años (2005-2009) se ha conseguido reducir de forma progresiva el porcentaje de sal utilizado en la elaboración de pan. El pan actual tiene un 25,9% menos sal que hace unos años.
  • pan Queso. De todos los lácteos, los quesos son los alimentos más salados, entre ellos el manchego, el fundido y los quesos frescos, los tres más consumidos. Por ende, el queso, por su particularidad nutritiva (además de sodio tiene mucha grasa y colesterol, sobre todo, los más curados), es un alimento "capricho" para degustar en ocasiones y en pequeña cantidad, no a diario.
  • fabrica de queso 2 Platos preparados. Las comidas preparadas congeladas destacan sobre el resto de platos cocinados o precocinados en aporte de sodio a la dieta. La información de la etiqueta nutricional permite al consumidor comparar productos de distintas marcas y escoger los más saludables. Al mismo tiempo, cocinar en casa más cantidad, congelar lo sobrante y descongelar a medida que se necesite, es una alternativa inteligente para aportar menos sal a la dieta.                                                                                                                                                                                                                                                                                                   Por el contrario, la mayoría de alimentos frescos y crudos no contienen sal o su presencia es ínfima: las frutas, las hortalizas y las verduras son sosas por naturaleza, más que la carne, el pescado o los huevos, que contienen algo de sodio, aunque una cantidad poco relevante. Y aunque en su preparación precisan sal, está comprobado que si se reduce la condimentación de manera gradual, el paladar se acostumbra.

Comida en Villa Gessel
Alimentos bajo sospecha
Además de identificar los alimentos de consumo cotidiano más salados, conviene poner el objetivo en aquellos alimentos que se toman con demasiada alegría sin preocuparse de la sal que llevan. Se busca la justificación en que son productos que se toman de forma ocasional, aunque en realidad su presencia es habitual todas las semanas y, entre unos y otros, suman un exceso de sal.

  • Aperitivos: gusanitos, pajitas, patatas fritas... son productos muy consumidos entre los más pequeños. La OMS recomienda que los menores de 7 años no consuman más de 4 gramos al día de sal (equivale a 1,6 g de sodio; el 40% de la sal es sodio). Una bolsa de patatas fritas pequeña (30 gramos) contiene unos 425 miligramos de sodio; un tercio del consumo recomendado para los pequeños. Una bolsa de pajitas (20 gramos), hasta un tercio del consumo diario máximo aconsejado y una bolsa de gusanitos (36 gramos), aporta una quinta parte de la sal que precisan los niños en todo el día.
  • Cereales de desayuno. En muchas variedades la sal o los aditivos salados (potenciadores del sabor como el glutamato monosódico) se añaden para darles sabor y para conseguir y mantener la textura crujiente. En un análisis realizado por Eroski Consumer (2008) se constató el elevado contenido en sal de estos productos: una ración de 30 gramos de los cereales infantiles más salados aportaba entre 150 y 190 mg de sodio, el 10% del total de sodio que el organismo del niño precisa cada día.
  • Tortitas de cereales. El contenido en sodio en las tortitas oscila entre los 40 y los 100 mg por tortita; y por 100 g aportan entre 600 mg y 1.300 mg de dicho mineral. Se consideran alimentos con una cantidad elevada de sodio aquellos con más de 500 mg por cada 100 g de alimento. La mayoría de tortitas lo serían, por lo que no estarían recomendadas para quienes por cuestiones médicas deban cuidarse y seguir una dieta sin sal.
  • Colines y palitos de pan. El punto flaco de estos aperitivos es la sal. Todos entran dentro de la categoría de alimentos ricos en sodio, ya que su aporte oscila entre los 700 mg y los 1.400 mg. Conviene leer las etiquetas si se desea escoger el menos salado. Además, su sabor apetecible invita a seguir comiendo, por lo que conviene separar la ración de aperitivo y guardar el resto.
  • Palomitas de maíz al microondas. El tipo y la cantidad de grasa y de sal de las palomitas comerciales marcan la diferencia entre un aperitivo saludable y otro no tanto. Cien gramos de palomitas de maíz saladas para microondas aportan unas 500 calorías (aproximadamente 100 Kcal más que si se hacen en la sartén); hasta cinco veces más grasa y su contenido en sal es elevado, entre 1,3 gramos y 2,6 gramos por 100 gramos, según marcas.
Ver video de la TV pública, Visión 7: Menos sal por favor. 12/03/13. Un estudio piloto sobre el consumo de sal confirmó que los argentinos ingieren en promedio más del doble de la cantidad considerada saludable y que casi 70 por ciento de las personas no hace nada para reducirla.

Enviado por jcp el 12 marzo 2013 00:00:00 (4192 Lecturas)






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