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 Recomendamos: Recordando la epidemia de SAT con aceite de colza en España II: ¡30 años!

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Garrafas de aceite de la colza (Foto: Cacho)

El silencio de la colza treinta años después. eldia.es.30/04711. Tres décadas después de la mayor intoxicación alimentaria de España y de Europa, provocada por el consumo de aceite de colza adulterado, alrededor de 4.000 de los más de 20.000 afectados por el síndrome tóxico han fallecido y un tercio de los que continúan vivos arrastran secuelas y patologías graves. Aunque ya no son noticia en los medios de comunicación, todavía quedan alrededor de 16.000 víctimas de esa tragedia que conmocionó a España en la primavera de 1981.Mañana se cumplen treinta años del fallecimiento del niño Jaime Vaquero, que vivía en la madrileña localidad de Torrejón de Ardoz y que se convirtió en la primera víctima mortal de la colza, aunque su muerte se atribuyó entonces a una neumonía atípica.La mayoría de los afectados eran personas de clase trabajadora, principalmente en la zona centro del país, que adquirieron el producto en puestos ambulantes y mercadillos. Sigue...Ver noticia previa relacionada:  Recordando la epidemia de SAT con aceite de colza en España,


En un principio, no se encontraba ningún nexo entre ellos y no fue hasta un año después cuando las principales investigaciones apuntaron a que la causa común que tenían todos los afectados era el consumo de aceite de colza desnaturalizado con anilina.

El aceite fue importado desde Francia para uso supuestamente industrial y distribuido de forma fraudulenta para el consumo humano tras extraerle la anilina a alta temperatura, un proceso que dio lugar a la creación de compuestos tóxicos que causaron la grave intoxicación, bautizada por la OMS como síndrome tóxico.

UNA EXTRAÑA ENFERMEDAD

"Sabíamos que nos enfrentábamos a algo diferente de lo habitual y por ello casi todos los profesionales participamos del interés por saber el origen de esa extraña enfermedad", señala el doctor Manuel Posada, director del Instituto de Enfermedades Raras del Instituto de Salud Carlos III y coordinador de la OMS para la investigación del síndrome del aceite tóxico.

Precisamente ese interés llevó a varios jóvenes médicos del Hospital Infantil Niño Jesús de Madrid a crear un grupo de estudio que analizó a los niños ingresados.

Este equipo fue el primero que descartó que se tratara de una infección y, por tanto de una neumonía, y que vinculó la enfermedad a una intoxicación alimentaria.

"Las epidemias no afectan a una familia sí y a otra no, a una calle sí y a otra no", ha explicado a EFE el doctor Juan Casado, jefe del Servicio de Cuidados Intensivos del hospital, que formaba parte de aquel grupo.

La investigación del Instituto Carlos III concluyó que la causa fue el aceite de colza desnaturalizado con anilina, pero todavía se desconoce el tóxico específico que la provocó. Ésta es una de las "espinitas" que aún tienen los afectados.

"Es cierto que el aceite estaba contaminado, quedó claro en la sentencia, pero nunca nos han dicho el agente tóxico que causó el envenenamiento", lamenta, en declaraciones a EFE, Mercedes García, afectada y portavoz de la Federación de Afectados y Consumidores del Síndrome Tóxico (FACSINTO).

El doctor Posada lo explica al precisar que "cuando se ingiere una sustancia con más de cien compuestos químicos nuevos y relacionados entre sí, la toxicología no es capaz de separar las acciones de ellos, porque en la práctica no se tomaron por separado, produjeron una enfermedad multisistémica y, todos, de alguna u otra manera, contribuyeron al desastre".

"Quizás en el futuro aprendamos que muchas exposiciones están produciendo enfermedades raras en personas susceptibles y que si no tenemos epidemias como la del síndrome del aceite tóxico es porque la exposición es a dosis muy bajas", advierte Posada.

UNA PATATA CALIENTE

A día de hoy, 4.537 de los 20.205 afectados han fallecido (aunque no todos a causa de la enfermedad) y un tercio de los pacientes vivos presentan secuelas y/o patologías mayores, tales como afectación neurológica, esclerodermia (piel dura), hepatopatía crónica y, sobre todo, hipertensión pulmonar, una enfermedad incurable, muy grave, que va deteriorando la salud progresivamente.

A estas "grandes" lesiones, se le suma el hipotiroidismo y factores de riesgo cardiovasculares en mayor proporción que en la población en general, señala Posada.

Es el caso de Mercedes García, que contrajo la enfermedad con 21 años y que ahora, treinta años después, tiene un organismo de una persona de 70 años.

La intoxicación le ha impedido trabajar y llevar una vida normal, toma 24 pastillas diarias "para poder estar en pie" cada día y padece una incapacidad total, por la que no recibe ninguna pensión.

No obstante, se considera una de las "afortunadas" que continúan recibiendo asistencia médica en la unidad de seguimiento del Hospital Doce de Octubre de Madrid, la única consulta especializada que aún queda en marcha en todo el país, de la que se encarga María Antonia Nogales.

"La doctora Nogales es fenomenal pero está ella sola para atender a más de 500 afectados", se queja Mercedes, quien recuerda que las autoridades sanitarias intentaron cerrar la unidad hace dos años pero la presión de los pacientes lo impidió.

Ahora, las reivindicaciones de los afectados se centran en que la Comunidad de Madrid, responsable del hospital, incorpore un ayudante a tiempo completo, que realice las labores administrativas que lleva a cabo la propia doctora.

"Hemos escrito al consejero de Sanidad, pero no nos ha contestado y estamos recogiendo firmas. Vamos a hacer toda la presión que sea porque es lo único que nos queda", subraya la portavoz de FACSINTO.

Mercedes asegura que los políticos se han olvidado de los afectados y la sensación que éstos tienen es que "somos la patata caliente que se han ido pasando unos a otros".

Al igual que la gran mayoría de los en enfermos, esta madrileña se considera "víctima de un terrorismo de Estado; un Estado que no supo velar por sus ciudadanos".

"Somos una población a extinguir y de los afectados que quedan vivos, unos 2.700 tienen incapacidades no contributivas porque en su momento eran niños o amas de casa que no habían cotizado".

EL JUICIO MÁS LARGO

El drama sanitario dio paso al proceso judicial más largo de la historia de España que condenó, en un primer juicio, a 13 aceiteros de un total de 38 procesados, todos ellos ya en libertad, y en un segundo proceso, a dos altos cargos de la Administración, por un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte, que no llegaron a ingresar en prisión.

Esta segunda condena estableció la responsabilidad subsidiaria del Estado, que le obligó a hacerse cargo de las indemnizaciones al declarase insolventes los aceiteros.

Para Mercedes "la justicia no existe", pues aún quedan alrededor de mil afectados que no han cobrado ninguna indemnización porque no aparecen en el censo judicial, a pesar de sí estar registrados en el censo administrativo, que elaboró la Oficina de Gestión del Síndrome Tóxico.

Hasta el 20 de enero de este año, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha ordenado el pago de 2.393 millones de euros en autos de liquidación con reconocimiento de indemnización a los afectados, según fuentes jurídicas.

"Antes estaba el PP, hoy está el PSOE y es lo mismo. No le debemos nada a ningún político. Lo ganamos por una sentencia. Nos está pagando el Estado porque resultó responsable civil subsidiario".

"Somos unos olvidados", concluye rotunda Mercedes.

Leer también, Los afectados por la colza piden que no se olvide su historia: "Seguimos siendo enfermos"
.rtve.es.30/04/11.
  •     Se cumplen 30 años de la mayor intoxicación alimentaria ocurrida en España.
  •     Más de 20.000 personas fueron afectadas y cerca de 5.000 han fallecido.
  •     Tres décadas después, las secuelas y el miedo al olvido, siguen presentes.
"Tenía tos, dificultad para respirar y dolor muscular. Tras varios días en la cama, me ingresaron en el hospital sin saber muy bien lo que tenía. En dos meses, mis compañeros no me reconocían”. 

Es el testimonio de C. S. C., uno de los muchos afectados por la intoxicación del aceite de Colza y que cuenta así su primer ingreso hospitalario. Era 1981, tenía 20 años y estaba terminando la carrera de magisterio.

En esa época, España vivía una crisis económica y aún no se había recuperado del intento de golpe de Estado del coronel Tejero. Eran años en los que al español medio le costaba llegar a fin de mes.

Por eso, cuando en las calles aparecieron vendedores ambulantes con garrafas de aceite más barato, muchas familias españolas no lo dudaron. Así empezó el mayor caso de intoxicación alimentaria ocurrido en España del que ahora se cumplen 30 años.
En total, 20.205 personas fueron afectadas por el consumo de aceite desnaturalizado de colza, un aceite de origen industrial, no apto para el consumo humano. La Organización Mundial de la Salud lo bautizó como "el síndrome del aceite tóxico".

Cerca de 5.000 fallecidos

Según informa la Coordinadora Nacional de Asociaciones de afectados por el aceite tóxico a RTVE.es, de los más de 20.000 afectados, a día de hoy más de 5.000 han fallecido.

“En las primeras muertes se les hacía autopsia, pero dejaron de hacerse y pasados los años, empezaron a morir paulatinamente. No hay una cifra exacta ya que algunos murieron muchos años después”, apunta.

Los hospitales reciben una avalancha de pacientes afectados por la Colza (1981)

Según los datos que maneja el doctor Manuel Posada, director del Instituto de Investigación de Enfermedades Raras del Instituto de Salud Carlos III, el total de fallecidos a día de hoy es de 4.537. Aunque, como puntualiza a RTVE.es, "no todos fallecieron a causa de la intoxicación, ya que a lo largo de los años la edad de los afectados ha ido incrementándose, lo que ha supuesto que otras enfermedades incidan en ellos”.

Al principio, los médicos pensaban que se trataba de una epidemia infecciosa debido a los síntomas con los que llegaban los primeros afectados, como problemas respiratorios graves que derivaban en una fuerte neumonía. Pero, ni mucho menos se imaginaban el cariz que llegaría a tomar la situación.

Pero, ¿cómo se enfrentaron los médicos a la peor intoxicación alimentaria de la Europa contemporánea? Como cuenta el doctor Manuel Posada, desde el punto de vista clínico "era obvio que la enfermedad era grave porque teníamos casos que fallecían en horas".

En un principio los pacientes presentaban problemas de insuficiencia respiratoria, pero esos síntomas degeneraban en poco tiempo en problemas digestivos, cardiovasculares o problemas neurológicos. "En muchos casos los problemas iniciales se convirtieron en enfermedades crónicas", explica el doctor.

Los médicos tardaron unos 40 días en diagnosticar de qué se trataba, "lo cual no es mucho tiempo si tenemos en cuenta el desarrollo de la sanidad pública española en el año 1981", apunta el doctor Manuel Posada.

El cuadro clínico que desarrollaron los afectados fue muy característico. Hubo una fase inicial con síntomas generales como astenia o míalgias. Luego se produjo una fase intermedia caraterizada por afectar al aparato digestivo y al sistema cardiovasucular. Por último, la fase crónica derivó en problemas graves como hipertensión pulmonar o neuropatías, que "en muchos casos acababan en fallecimiento", apunta el doctor Manuel Posada.
Juicio e indemnizaciones

Las causas judiciales que se abrieron fueron numerosas y el proceso aún no ha concluido ya que todavía quedan más de 8.500 indemnizaciones que los afectados no han podido cobrar.

La mayoría de ellos, recibieron una indemnización y la invalidez permanente, algo que los afectados no consideran ni suficiente ni justo.

"A mi me dieron la invalidez absoluta, algo a lo que tuve que renunciar para poder comenzar a trabajar", explica el afectado C.S.C., abulense de 51 años y profesor de Terapia Ocupacional. Tuvo que pasar entonces un nuevo tribunal de valoración que, en su opinión, "su filosofía no era valorar realmente los daños y secuelas, sino reducir costes", apunta.

En opinión del doctor Manuel Posadas, que fue uno de los que trató a estos pacientes en la década de los 80, "el problema no debía consistir en sí las cuantías que recibieron eran adecuadas o no, el enfásis habría que ponerlo en las circunstancias personales y familiares de cada caso y su gravedad, y no tan solo fijándonos en la situación clínica del paciente en el momento del juicio", explica.

Desde la administración, las ayudas fueron muchas y muy diversas. Como explica a RTVE.es, Javier Sánchez Caro, quien fuera secretario general de la Oficina del Síndrome Tóxico cuando se creo, "la intoxicación se vivió con gran tensión tanto por parte del Gobierno, como por parte del personal sanitario y como no, por parte de los afectados y de la población en general, debido a que era una enfermedad desconocida a la que no se habían enfrentado antes", explica.

Nada más ver el impacto que estaba teniendo en la población, se creó un dispositivo especial sanitario para este tipo de enfermos creando unidades especiales para atender su patología.

"Las ayudas sociales que les concedieron fueron muchas y en un plazo muy corto de tiempo, iban desde ayuda económica para arreglarse la dentadura, hasta ayudas para el transporte, si tenían dificultad para moverse", apunta Javier Sánchez Caro. También les cambiaban el aceite contaminado por uno de oliva, de forma totalmente gratuita.
Actual calidad de vida

C.S.C. enfermó con tan solo 20 años, cuando aún no había terminado sus estudios. Estaba realizando sus prácticas en un colegio religioso de Ávila, del que fue expulsado por temor a un posible contagio. Fue el primer caso que se diagnosticó en esta ciudad y tardo cinco años en poder volver a reincorporase a sus estudios.

Su primer ingreso hospitalario fue el 28 de abril de 1981. Tras repetidas idas y venidas, en el mes de junio de 1981 le diagnosticaron la enfermedad. "Para entonces, mis propios compañeros no me reconocían físicamente", cuenta.
En la actualidad lleva una vida prácticamente normal aunque tiene bastantes secuelas. "Las más visibles son la falta de musculatura en la cara , disfuncionalidad en las manos y problemas intestinales y dérmicos", explica C.S.C.

Según el doctor Manuel Posada, la calidad de vida de los pacientes depende mucho de la evolución de la enfermedad en cada caso concreto.

"La situación de las personas vivas en la actualidad suele distribuirse en estas tres formas: casos leves, cuya calidad de vida es la misma que la del resto de la población; casos de evolución clínica intermedia, donde pueden tener patologías pero con una calidad de vida aceptable y por último los casos más severos que tienen una calidad de vida mala o muy mala", explica.

"Cada uno de estos grupos tiene aproximadamente a un tercio del total de los afectados vivos y la relación de esta calidad de vida tiene una correlación directa con el riesgo de fallecer", apunta el doctor.
Y tras 30 años, ¿qué?

Algunos de los afectados por este síndrome se muestran reticentes a hablar sobre lo que pasó. Como cuenta María Antonia José de Herrera, coordinadora nacional de Asociaciones de afectados por el aceite tóxico a RTVE.es, ya ha pasado mucho tiempo y los afectados están cansados. "Quién más y quién menos ha rehecho su vida, quieren olvidar, eso paso ya hace muchos años", explica.

"Hay mucha dificultad para que los afectados hablen, algunos son ya muy mayores y están mal físicamente, otros, los más jovenes, intentan olvidar un poco el tema", cuenta.

Muchos creen que por contar su historia no van a conseguir un cambio en la opinión pública y les parece extraño que hayan llegado a adquirir cierta mala imagen, en lo que a los colectivos de afectados se refiere.

   


Raúl Martín Sánchez, presidente de ACASTA (Asociación de consumidores afectados por el síndrome tóxico de Ávila), también opina lo mismo, "No quieren ni oir hablar de eso. Les prometieron la invalidez de por vida y eso luego no fue así, queda mucha gente sin invalidez y eso no es justo", apunta.

El presidente de ACASTA cuenta que escribió en el año 2008 una carta a José Luis Rodríguez Zapatero, de la que según él, aún no ha recibido respuesta. En ella, le pedía una solución para los afectados mediante un sustento económico que garantizara su normal desenvolvimiento familiar.

"Hay afectados que en aquel año eran niños, y la intoxicación les causó estragos en la salud que les imposibilita trabajar, sin que por su aspecto físico puedan ser catalogados como invalidos, y por tanto acogerse a la Ley de Dependencia", explica en su carta.

Y es que, como denuncia C.S.C., siguen siendo enfermos que necesitan sanación. "No somos subsidiarios, seguimos estando ahí, que no nos descuiden, que el recuerdo no solo sea cuando se cumple cada década, aunque bienvenido sea".

Raúl Martín Sánchez, presidente de ACASTA (Asociación de consumidores afectados por el síndrome tóxico de Ávila), también opina lo mismo, "No quieren ni oir hablar de eso. Les prometieron la invalidez de por vida y eso luego no fue así, queda mucha gente sin invalidez y eso no es justo", apunta.

El presidente de ACASTA cuenta que escribió en el año 2008 una carta a José Luis Rodríguez Zapatero, de la que según él, aún no ha recibido respuesta. En ella, le pedía una solución para los afectados mediante un sustento económico que garantizara su normal desenvolvimiento familiar.

"Hay afectados que en aquel año eran niños, y la intoxicación les causó estragos en la salud que les imposibilita trabajar, sin que por su aspecto físico puedan ser catalogados como invalidos, y por tanto acogerse a la Ley de Dependencia", explica en su carta.

Y es que, como denuncia C.S.C., siguen siendo enfermos que necesitan sanación. "No somos subsidiarios, seguimos estando ahí, que no nos descuiden, que el recuerdo no solo sea cuando se cumple cada década, aunque bienvenido sea".


Enviado por jcp el 30 abril 2011 00:00:00 (2513 Lecturas)






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